Visto bueno en EEUU al primer aparato para el tratamiento del TDAH

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(Fuente) La FDA, la sección del gobierno de EEUU que se encarga de la legalidad tanto de medicamentos como de alimentación, ha dado el visto bueno al primer APARATO de tratamiento clinico del TDAH. Se llama Monarch external Trigeminal Nerve Stimulation System (eTNS), es decir “Sistema externo Monarch de Estimulación del Nervio Trigémino”.

De momento se ha autorizado la comercialización del dispositivo para el tratamiento de niños de 7 a 12 años que NO toman medicación. De momento sólo estará disponible en EEUU y con receta médica. A ver si con suerte se va extendiendo y da buenos resultados (aunque habría que ver el precio).

En pocas palabras, consiste en un aparato del tamaño de un móvil, que genera pulsos eléctricos de baja intensidad. Lleva un cable unido a un parche, y es este parche o que se adhiere a la frente del niño, justo encima de las cejas. Lo único que se siente es una sensación de hormigueo o cosquilleo en la piel.

Quienes lo han ideado dejan claro que los científicos no saben exactamente por qué razón, pero se ha demostrado con escáners que estos estímulos eléctricos hacen que suba la actividad de esa zona del cerebro, que es la que principalmente nos falla a los TDAH.

En 2018 se hizo un pequeño estudio con 62 niños, comparando los que usaban el aparato con quienes usaban un placebo, otra máquina parecida pero que no hacía nada en realidad. En una escala de medición de distintos comportamientos cerebrales del TDAH, los niños que sí usaron el eTNS pasaron de una media de 34.1 a 23.4 puntos, mientras que los que usaron el placebo sólo pasaron de 33.7 a 27.5 de media.

Eso sí, pasado ese mes, entre los que usaron el eTNS aparecieron casos de efectos secundarios como sensación de sueño, mucha hambre, problemas para dormir, bruxismo, dolor de cabeza y fatiga. Parece un montón de cosas, pero al fin y al cabo son síntomas que la mayoría de TDAHs conocemos de sobra (la sensación de sueño y el hambre es muy frecuente cuando se deja la medicación o se baja la dosis, mientras que dosis demasiado altas pueden dar insomnio), y como su nombre ya indica, es un aparato que estimula partes del nervio trigémino, responsable de la mayoría de sensaciones, dolores, etc. que tenemos en la cara, dientes, sienes y demás.

Carlos Peña, el director de la división de aparatología clínica neurológica de la FDA ha confirmado que es un sistema “seguro y sin medicación” para el TDAH pediátrico.

¿Y a los mayores, nos subirán el voltaje? (Bromas aparte, a ver si a algún flipao se le va a ocurrir pegarse calambrazos en la frente en plan casero a ver qué pasa y vais a acabar como el de la foto de arriba. No me seáis cafres, por favor).

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Confirmado: Todos los TDAH somos TDAH

Me voy a ahorrar el típico y manido comentario de que “parece un titular de El Mundo Today pero es verdad”. Es una reflexión personal que me ha surgido al ver un enlace en Facebook. Y discúlpame si lees esto y tu trabajo guarda relación con abordar el TDAH, pero no te ofendas porque esto no es una crítica hacia ningún gremio, sino hacia el modo en que se enfocan ciertas cosas. Mi reflexión es: Continuar leyendo “Confirmado: Todos los TDAH somos TDAH”

Respeto 1 – Comprensión 0

Esto trata de un chaval de 12 años, que otro niño no quiere jugar con él en un parque de bolas. Vale. Jamás se me ocurriría insinuar que “las cosas de niños” no sean importantes, pero ahora traslada esa situación a la edad adulta, con problemas serios, con obstáculos graves. A nosotros ningún indeseable nos dice que no quiera jugar con nosotros insistiendo en que somos tontos (bastante que tuvimos que vivirlo hace muchos años), pero muchas veces sí nos dicen que no quieren vivir con nosotros, trabajar con nosotros, quedar con nosotros, estudiar con nosotros, dormir con nosotros, viajar con nosotros…

Está bien que estas cosas se vean, por eso lo comparto. Pero también es verdad que, como andaluz que soy, conozco ese programa. La televisión pública andaluza me parece penosa desde hace décadas y ese programa todavía más (y no soy el único). En él se aborda el asunto de forma desesperantemente simplista y peligrosamente superficial: Todo lo resumen en que el chaval “no se está quieto”. Hala, ya está.

Ser hiperactivo supone mil cosas más aparte de no estarse quieto (de hecho hay personas que se muestran muy calmadas y se mueven como un koala, que por dentro la hiperactividad les está quemando). Todo el trastorno que gira en torno a no conseguir relacionarse con otros niños con normalidad, lo enfocan en el acosador, pasando olímpicamente de que el TDAH también bloquea nuestras relaciones sociales. Dicho de otra manera, un chaval hiperactivo posiblemente también se sentiría solo y apartado incluso cuando no hay nadie discriminándole de forma directa.

El programa tampoco parece caer en la cuenta (…o importarle…) que la última niña no se pone a llorar porque sea maravillosa, ni porque tenga un corazón de oro (que igual sí, pero eso ya es otra historia), sino porque ella también resulta ser TDAH y sabe por lo que está pasando la víctima. Sabe lo angustioso que es. Sabe lo injusto que es. Sin embargo, cuando hablan con ella les importa cuatro narices. Ella y el niño acosado forman parte del mismo colectivo, pero ni se plantean hablar en plural. Además, ella no está apartada y no se mueve tanto como el otro niño. ¿Y a nadie se le ocurre preguntarse por qué? Para quien no lo sepa, a los hombres hiperactivos generalmente se nos nota más que a las mujeres, que muchas veces no se mueven tanto pero lo sufren mucho por dentro, de forma más sutil, y tienden a expresarlo de otras formas. O puede que el niño acosado no esté siguiendo ningún tratamiento mientras que esa niña se tomó sus pastillas hace un rato, no lo sé…

Insisto: Está bien que estas cosas salgan en la tele porque los TDAH estamos desesperados por conseguir visibilidad, pero lo que este programa no parece haber entendido (al menos a juzgar por este vídeo) es que también estamos desesperados por ser comprendidos. Y las dos cosas van a la par, igual que un pájaro necesita las dos alas para poder volar. Y si muchos miles de personas se ponen delante de la tele y se emocionan por un caso de discriminación porque un niño “no se está quieto”, pues qué quieres que te diga, prefiero que pongan una entrevista seria con un psiquiatra especializado. Pero claro, la lagrimilla es lo que sube la audiencia y os puedo asegurar que Canal Sur no es el canal favorito de los grandes eruditos de la filosofía, precisamente (guiño, guiño).

Decir que el mayor (¡y parece que el único!) problema de un chaval con TDAH es que “no se está quieto” es como decir que el mayor problema de un síndrome de Down es que no vocaliza correctamente, no me fastidies… Y no me vale que ninguno de los niños mencione ninguno de los otros síntomas, limitaciones, obstáculos, etc. No tienen por qué conocerlos, y en caso de la niña que sí era TDAH, no la culpo (bastante tiene ya) porque sé que otro de esos problemas que tenemos es que nos cuesta horrores organizar argumentos y expresarlos con propiedad, y mucho menos en una situación tensa. No estarse quieto es sólo una particularidad de ser hiperactivo, igual que el color verde es sólo una de las muchas características de un árbol.

Muchas gracias al programa por dedicar estos minutos al TDAH, lo digo de corazón, la visibilidad vale más que el dinero… pero es que intentar que la gente conozca en qué consiste esto realmente para que puedan ponerse en nuestro pellejo por un segundo… eso vale más que todos los diamantes del mundo. Y eso en el vídeo no aparece por ninguna parte. Y si la gente no ve eso, jamás daremos el importante paso de diferenciar el respeto de la consideración: Respetar a los demás es fundamental, está por encima de ninguna otra cosa, pero tener en consideración las particularidades de los demás hace que realmente comprendamos que cada cual tiene problemas y necesidades diferentes. La consideración implica interesarse por los demás, escuchar, observar, tener en cuenta ciertas cosas. Y es precisamente comprender los problemas y necesidades de los demás lo que hace que podamos generar un mínimo de compasión y apoyar de forma efectiva a quienes tienen cualquier tipo de problema, en vez de quedarnos en un pasivo y estéril “respeto”.

Porque el respeto, visto lo visto, no incluye contar con la opinión de ese niño acosado (el de verdad, no al actor que hace de él). El interés por contar con él, con sus emociones, con sus reflexiones, con su opinión, con sus comentarios en primera persona es nulo. Cero. Exigir respeto está muy bien. Pero que sea “porque sí y ya está”, a mí me parece un respeto un poco cojo, la verdad.

Niños hambrientos; papás con bocata

Me cruzo, como lo hago cada dos por tres, con un titular de un importante periódico español parafraseando a nosequé entendido en la materia: Los niños TDAH necesitan a la familia, a los profesores y (jamás me entrará en la cabeza) a los psicólogos…
¿Y los abogados? ¿Y los jueces? ¿Y los psiquiatras? ¿Y los neurólogos? ¿Y los funcionarios? ¿Y las empresas? ¿Y los contratadores? ¿Y quienes se encargan de decidir qué es una discapacidad y qué no y nos ponen un numerito por ciento según qué viento les sople? ¿Y la policía? ¿Y los asistentes sociales?
 
Todos los afectados por TDAH sabemos que uno de los peores obstáculos es precisamente sentirse ignorado, no ver ninguna consideración por nuestro problema, que nuestra condición no sea tenida en cuenta. Y es muy triste que dia tras día aparezcan artículos en prensa hablando de que hay que hacer esto o aquello para abordar el TDAH, que para el TDAH esto o aquello sería estupendo… pero día tras día, artículo tras artículo, se repiten las mismas palabras: Colegio, familia, profesores, psicólogos, educadores…
 
¿Y qué pasa con los TDAH despedidos, o divorciados, o adictos, o delincuentes, o deprimidos, o solitarios, o pobres, o desesperados, o accidentados, o multados, o suicidas…? ¿Qué pasa con todos los TDAH que tenemos en común algo tan simple como no ser niños?
 
Dejemos de una vez de relacionar indisolublemente TDAH con infancia o adolescencia. Es como cuando hablamos del hambre en África y por alguna razón misteriosa pensamos que sólo pasan hambre los niños, porque nos despiertan más compasión, ¿pero acaso sus padres están comiéndose un bocata mientras alguien hace fotos a la miseria de sus niños? No, ellos pasan por la misma penuria, y difícilmente se puede abordar de manera eficiente un problema a gran escala, si sólo se aborda cierto sector de ese problema: Igual que para tratar el hambre en África hay que fijarse en toda la comunidad y no sólo en los niños, para tratar el TDAH en general hay que fijarse en todos los afectados por TDAH, no sólo en los niños.
Parece que sólo nos fijamos en los TDAH adultos cuando son ricos y famosos y resulta que han tenido una vida llena de éxitos. Entonces nos encanta hablar de Michael Phelps y de Jim Carrey. Pero resulta que la vida real es muy diversa y señores mega-positivísimos, NO, ser TDAH no es ninguna maravilla llena de ventajas donde tengo un potencial acojonante para ser super-creativo, ni ese hiper-foco que tenemos a veces está enfocado a donde nosotros queramos, ni nuestros jefes tienen paciencia, ni en la oficina del paro tienen consideración, ni nuestros ex fueron comprensivos, ni hemos tenido una madre que nos ayudaba a expresar esas supuestas virtudes, ni tenemos por qué sentir vocación por un deporte, ni por ser actores, y cuando nos da por una vocación relacionada -por ejemplo- con las matemáticas resulta que nos damos cuenta de que tenemos 40 años y seguimos contando con los dedos o imaginando figuritas de colores porque los números nos confunden o somos incapaces de recordar qué turno de trabajo nos tocaba esta semana. O resulta que sí, nos apasiona la interpretación… pero no pasamos de la primera página del guión, o no entendemos de qué va nuestra propia obra de teatro.
 
Y no, no tenemos ningún psicólogo que nos de palmaditas en la espalda, ni ningún programa de atención especializada en la cola del paro, ni unos padres que se desviven por intentar comprender cómo es esto realmente desde dentro, ni un grupo de profesores que tengan en cuenta nuestra condición cada vez que nos vean por la mañana, ni nuestra pareja nos acompaña a las citas con el psiquiatra para cotejar el seguimiento.
Y lo más gracioso de todo es que cuando llega el momento en que nosotros mismos somos padres, nuestros hijos tienen muchas papeletas de ser TDAH también, y posiblemente tendrán todo ese montón de mirones y asesores alrededor, pero día a día, artículo tras artículo, todos se olvidarán del TDAH que también sufre su padre. Porque lo sufre. Pero como ya es adulto, que se fastidie.

Quien calla no otorga

argue-debateRecupero una reflexión que tuve hace unos años:

Muchas veces los hiperactivos tenemos el impulso de hablar: Ya sea hablar un rato sobre cualquier cosa sin importancia, o no ser especialmente habladores pero soltar de pronto comentarios sin pensar demasiado, algo que a veces nos hace sentir mal porque nos damos cuenta de lo inapropiado que resulta cuando las palabras ya están saliendo por la boca, o bien porque no nos damos cuenta de haber dicho nada inoportuno y no entendemos por qué nos están recriminando.

Y por supuesto también podemos tratar asuntos serios… siempre que sea a nuestro ritmo. Por eso es muy habitual que quienes tenemos Déficit de Atención detestemos discutir:

Argumentar está bien, es una forma natural de llegar a un entendimiento en caso de existir diferencias o problemas… si no fuese porque para eso hay que organizar antes ese argumento. Y cuando tienes delante a otra persona organizando y disparando su propio guión -especialmente cuando no es una agradable charla filosófica, sino una discusión abierta-, nos vemos involucrados sin escapatoria en una situación tan arrolladora como seria y de pronto… ¡flop! no tienes ni idea de qué de se está hablando ni por qué esa situación está ocurriendo siquiera. Así, sin más. Como cuando estás viendo la tele y en el momento más emocionante de la película, se va la luz. 

Y en ese momento no puedes decir «emmm… perdona, vuelve atrás, es que me he perdido. O mejor, vamos a dejarlo».

Por eso a muchos TDAH nos dan pánico las discusiones y los momentos «tenemos que hablar». A la inquietud natural del momento se suma el no ser capaz de seguir el ritmo de la otra persona, que en otros momentos no lo sé, pero en ESE momento, de lo último que tiene ganas ni paciencia -ni intención- es de pararse a considerar que nuestro cerebro va con los bolsillos cargados de piedras. Es más, si es una conversación acalorada, lejos de pararse un momento a recapacitar, lo más probable es que a esa persona le importe cuatro narices que le sigas el ritmo o no: Pero aun así, pretenderá que estés a su misma altura.

Así, incluso cuando no hay ninguna discusión desagradable pero necesitamos exponer nuestros sentimientos a otra persona, con frecuencia nos sentimos frustrados y descontentos, y preferimos dar a conocer nuestra postura en una carta o un email, donde nadie te interrumpe dejándote descolocado al vuelo. 

Entre otras razones -empezando porque me parece una falta de respeto sin fundamento- por eso nunca me ha gustado la expresión «quien calla, otorga». Pues no, no otorga. No lo des por sentado. No sabes qué motivo tiene el otro para preferir callar. Puede que, sencillamente, algo tan simple para ti como mantener una conversación, para alguien con TDAH sea un muro demasiado alto a veces. Así que la próxima vez que discutas con alguien, le acuses, le recrimines, le inquieras o le implores esto o aquello y tengas la impresión de que es como hablar con una pared, recuerda que tal vez esa persona tenga argumentos tan respetables como los tuyos… o puede que mucho mejores que los tuyos, pero no es capaz de verbalizarlos. No a tu ritmo. En en tu terreno. Y desde luego, no si sigues presionando, insistiendo y sacando conclusiones sin conocer la otra vesión.

Es más: Si mantienes ese comportamiento cuando tienes problemas con alguien, sacar conclusiones cuando el otro mantiene silencio no dice nada bueno de tu sentido del respeto. Con TDAH o sin TDAH.

No podemos cambiar de cerebro, pero sí de mente

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Últimamente me cruzo por internet con muchos consejos para ayudar a los TDAH a concentrarse, y me he dado cuenta de que casi siempre tienen algo en común: Se inspiran en técnicas básicas de meditación.

Como sabéis, soy TDAH diagnosticado ya siendo adulto, budista tibetano desde hace doce años e instructor de meditación organizando talleres en la zona sur de Madrid (Más info en www.meditaciontibetana.wordpress.com), y no tengo duda de que -al menos en mi caso personal- hacer meditación me ha aportado más beneficios con respecto al TDAH que incluso tomar medicación, si no más -aunque ésta también pueda ser muy útil-.

Según la visión budista, la mente y el cerebro pueden estar muy relacionados; todos hemos oído hablar de la buena relación que mantienen el budismo tibetano y la ciencia al más alto nivel, pero mente y cerebro son dos entidades independientes. La ciencia ya ha permitido saber que el TDAH es una disfunción cerebral, así que las dificultades que supone siempre estarán ahí en mayor o menor medida, pero aunque no tengamos la capacidad de controlar del todo bien las funciones cerebrales, especialmente las que no funcionan bien, sí podemos avanzar mucho en cuanto a la mente en sí, observando su comportamiento, siendo constantes y educándola poco a poco. Y no por ello hace falta sentir interés por el budismo ni por ningún tipo de espiritualidad necesariamente. Todos tenemos cerebro y todos tenemos mente, así que todo el mundo tiene la misma posibilidad de observarla y educarla.

Sí he visto que muchas veces se recomienda regalarnos recompensas: Si termino esta tarea, hoy pido pizza. Si estudio hasta las 3, me como un dulce. Si trabajo durante una hora, veré vídeos de gatitos 15 minutos… En general no estoy de acuerdo con que sean premios en sí, porque aunque sea de forma inconsciente nos estaremos acostumbrando a hacer las cosas por el premio, no por el valor en sí de hacerlas. Y sabiendo cómo somos los TDAH, reconoceréis que al final pasaremos de todo y pediremos pizza, nos comeremos el dulce y veremos vídeos de gatitos, hagamos las tareas o no.

Sí podemos asociar objetivos, incluso más de uno, con otras pequeñas rutinas agradables y hacer que siempre vayan juntos. Por ejemplo:

-Cada mañana cuando hagas un repaso a las tareas pendientes del día, primero enciende una varilla de incienso y repasa la lista sentado mientras te tomas tu infusión favorita.

-Cuando tengas que salir a hacer varios recados o trámites, llévate siempre un libro: Cuando termines de hacer un par de encargos, siéntate en el primer banco que veas, pon un temporizador que te avise en 15 minutos, y dedícate a leer durante ese tiempo. Después, termina el otro recado.

-Siempre que comas a mediodía, hazlo un paquete indivisible: Almorzar, levantarte a fregar los platos inmediatamente después de acabar de comer, y de ahí directo a lavarte los dientes, y siempre que friegues los platos, que sea con buena música.

-Si madrugas para hacer un poco de meditación, que sea delante de una ventana y coincidiendo con el amanecer.

Etcétera. Así podrás hacer distintas tareas, no viéndolas como elementos independientes que tienes que quitarte de enmedio de forma caótica y agobiante, sino como esos menús para niños en el burger: Varias cosas relacionadas juntas en una cajita, y con un juguete de regalo. Así el estrés de tener que cumplir varios objetivos (incluso si es uno solo) te afectará menos porque habrá un elemento agradable que además le dará cierta estructura. No será cuestión de “si lo haces habrá premio y si no te fastidias”, porque a nosotros nos cuesta más establecer esa relación que al resto de la gente.

Es parecido a cuando estábamos en el colegio o el instituto, y de vez en cuando algún profesor decidía que hiciéramos alguna tarea en silencio mientas ponía música clásica. O como cuando se hacía una clase informal donde se promovía el debate y al llegar la hora nadie tenía prisa por salir pitando¿Verdad?

No se trata de sobornar al estrés con promesas de placeres sensoriales, ni pretender hacer creer al cerebro que si se porta bien le daremos una chuche, sino de establecer verdaderamente una actitud mental más relajada. Repito: Puede que no podamos controlar la actividad de la corteza prefrontal tan bien como quisiéramos, pero es que el cerebro no tiene responsabilidad real sobre nuestra decisión de tener una motivación positiva, igual que no la tiene la vecina de al lado: Es una responsabilidad nuestra para con nuestra propia mente. De nadie más.

Como TDAH que eres, sé honesto contigo mismo y reconoce sinceramente que cada día, incluso esforzándote, impacientándote y agobiándote, se te escapan muchos minutos, si no horas, de tiempo que podrías aprovechar mucho mejor. Aunque para nosotros sea muy importante saber a qué atenernos y saber qué va a pasar durante todo ese tiempo, sentarnos cada mañana en silencio, con la espalda recta, diciéndole a toda esa maraña de pensamientos que por favor se calle un momento, y limitándonos a ser conscientes de cómo la respiración entra y sale, puede tener un valor incalculable, porque una disfunción cerebral nos impide tener una percepción clara de la relación que hay entre nuestras actividades y el avance del tiempo, pero nada ni nadie nos puede impedir educarnos mentalmente poco a poco para que esa disfunción no nos haga sentir tan mal. Porque no siempre es la disfunción en sí lo que nos hace sentir mal sino, en buena medida, nuestra disposición mental ante esa circunstancia.

A vueltas con el “mindfulness”

4Soy instructor de meditación y TDAH.

Ante todo y por encima de ninguna otra cosa, por favor suplico de rodillas que todo el planeta deje de hablar de esa moda moderna y absurda del “Mindfulness”. Esa palabra en inglés lo único que significa es algo así como “atención plena” y lo único que está consiguiendo es crear una nueva generación de “new-agers” postmodernos, escritores espontáneos, supuestos expertos y hasta gurús que pretenden enseñar la técnica de moda en gimnasios, entre el pilates y los hipopresivos. ¿Por qué no hablamos de lo que realmente es? MEDITACIÓN.

Su Santidad el Dalai Lama dijo hace unos años que si se enseñara meditación a todos los niños de ocho años del mundo entero, todos los conflictos armados desaparecerían de una generación para otra. Pero ahora la gente no habla de hacer meditación, sino de apuntarse a la moda del “mindfulness”. Sin saber qué significa en inglés siquiera. Sin estudiar una teoría primero. Sin conocer la naturaleza de la mente. Sin establecer una motivación. Sin saber exactamente para qué. A lo largo de quince años ha habido momentos en que he recibido a lamas reencarnados, codeándome con otros monjes, haciendo postraciones, haciendo ofrecimientos, recitando oraciones en tibetano con ellos, haciendo mudras con ellos, escuchando enseñanzas, recibiendo transmisiones e iniciaciones de Tantra que hasta hace unos pocos años apenas habían salido de las cuevas de los ermitaños en Tíbet, después de meses y meses, puede que años, de estudiar textos muy complejos, intentando vivir veinticuatro horas al día de acuerdo con las enseñanzas como humildemente puedo, teniendo en cuenta más de 2500 años de enseñanzas muy específicas sobre las cualidades del maestro, sobre cómo escuchar las enseñanzas, sobre conocer la naturaleza de la mente, etc, etc, etc… y me veía ahí, sintiéndome tan pequeño, humilde y honrado como afortunado… rodeado del típico grupo de amigas que se apuntan para ir juntas a tomar café, a reuniones de Mary Kay, a pilates… y a “mindfulness”.

Lo cual es todo ello perfectamente respetable. Mi llamada de atención es para que, por favor, no se banalice algo tan importante, y no importante porque yo lo practique, ni porque lo enseñen personas a quienes yo considero auténticos maestros espirituales, ni porque sea un pilar fundamental de mis creencias (mal llamadas) religiosas, ni porque el mismísimo Buda en persona alcanzara la máxima perfección gracias a ello. Sino porque hacer meditación, que es así como se llama, es algo enormemente provechoso, recomendable para cualquier persona sin importar que tenga o deje de tener cualquier creencia o filosofía de vida, pero también ancestral, complejo, profundo, preciso y precioso.

52aee2c210fb44668d6fef2c71a0b54dHasta que hace apenas unos pocos años, cuando unos científicos maravillosos, muchas veces en colaboración o animados por el Dalai Lama, han mostrado más y más interés en investigar, demostrar y exponer los beneficios de la meditación, han publicado información rigurosamente científica, estudios neurológicos, han hecho descubrimientos sorprendentes sobre neuroplasticidad y otros comportamientos del cerebro en su relación con el adiestramiento de la mente… pero como por desgracia pasa tantas veces, en nuestra sociedad, en nuestra cultura, se ha escuchado sólo parte de esa información, se ha tomado algún que otro detalle que nos ha parecido llamativo, y sin apenas interés en estudiarlo en profundidad, de la noche a la mañana resulta que en todas las ciudades de Occidente hay mil sitios en los que alguien ofrece clases, vende libros o publica vídeos de “mindfulness”, para desconectar, para relajarse, para evadirse del estrés, para ser y estar más tranquilos… Y eso está bien, faltaría más, pero que no lo llamen meditación, ni “mindfulness”. Mindfulness no es más que “atención plena” en inglés, y se está enseñando a la gente a transformar su mente sin estudiar antes qué es la mente, cómo se comporta y por qué se supone que habría que transformarla.

Realmente me fijo y me parece una pena -y no soy el único ni mucho menos; somos muchísimos los que pensamos igual- porque de algo tan profundo y transformador como la meditación, en Occidente lo degradamos a apuntarnos con las amigas a la clase de Mindfulness, ahí, entre el pilates y el zumba. Del mismo modo en que degradamos miles de años de sabiduría de los ascetas de las junglas de la India… a hacer un pseudo-yoga simplemente para socializar, relajarnos un rato, hacer un poco de ejercicio… Igual que todas y cada una de las personas sin excepción que he conocido y que se presentan como maestros de reiki exponen una técnica tan interesante y respetable basándose en historias imprecisas y malinterpretaciones sobre sus fundamentos más básicos… Lo mismo que cuando se empezó a saber en Occidente sobre algo llamado Tantra, y cuando algunos vieron imágenes budistas que representaban uniones sexuales o deidades que dejaban ver sus genitales, sin tener ni la más remota idea de lo que estaban viendo, qué significan o qué representan, sin preguntar ni investigar, dieron por sentado que aquello del Tantra era una práctica sexual supuestamente mística o trascendental que de carambola les daría dinero vendiendo libros.

Realmente es algo muy triste, porque hemos convertido sabidurías y prácticas muy profundas, antiguas y en ocasiones extraordinariamente difíciles de practicar, en lo que un maestro mío llamaba “comer helado de chocolate” o “mentalidad de Mickey Mouse”.

Yo soy practicante budista tibetano de la tradición de Su Santidad el Dalai Lama desde 2004, y hasta casi diez años después no sabía que tenía Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad, llegando a tener reconocida una discapacidad y en algunos momentos llegando a tomar más de 90 miligramos de metilfenidato todos los días. Doy una importancia enorme a la necesidad de que la sociedad conozca mejor de qué manera afecta realmente el TDAH a los adultos, y sé que es una patología cerebral de carácter neurológico que tendré hasta el día que me muera, y sé que el cerebro y la mente son cosas diferentes, y estoy completamente seguro de que hacer meditación puede ser de gran utilidad para cualquier persona en general y para personas con TDAH en particular, no porque haya leído una web, ni me haya comprado un libro, ni haya visto un documental, ni me haya apuntado a un taller, sino porque lo estudio, lo practico y lo compruebo en primera persona para ver si realmente funciona, tal y como insistía el propio Buda.

Porque para conseguir beneficios, ya seas un TDAH desesperado por relajarte o un buscador del  sentido trascendental de la vida, es importante que sea meditación, no esa moda de new-age-urbano-post-moderno que llaman “mindfulness”.