Champi, barra, verde no, blanco… Champi, barra, verde no, blanco… Champi, barra, verde no, blanco…

No es ningún mantra budista. Es un ejemplo de lo que a veces tengo que ir repitiendo mentalmente mientras recorro los doscientos metros que me separan del supermercado. Por supuesto, tres es el máximo. A partir de cuatro artículos, no llevarlos anotados significa más o menos un 60 o 70 % de posibilidades de que olvidaré al menos uno de ellos.

Habrá quien se pregunte si no será más fácil pensar directamente en “champiñones en lata, una barra de pan…” pero aquí entra en escena una de las peculiaridades de mucha gente con TDAH: Intentar organizar las ideas de forma gráfica, representativa. Una vez me he acostumbrado a consumir los mismos champiñones ya puedo conocer los demás detalles, como la marca, si son laminados o enteros, si son en lata o al natural… y si siempre me han gustado más las baguettes que las barras de pan, iré directamente a por las primeras, porque es algo muy afianzado en mis costumbres. Eso sí, debo pensar en “barra” (porque es una palabra más corta que “baguette”) porque si pensara en “pan” (todavía más corta y simple) habría cierto riesgo de quedarme con la duda de si era pan natural o pan de molde.

Por cierto, antes pensaba en “verde” para recordar el detergente, pero como ahora usamos uno blanco que es más económico, durante cierto tiempo necesitaré concentrarme en el concepto “verde no, blanco”, por ejemplo pensando en un círculo verde tachado con una cruz y otro círculo blanco a su lado. Curiosamente, sí recuerdo que dicho concepto está relacionado con el detergente y no con otra cosa.

La lista de la compra es uno de los clásicos problemas de alguien con TDAH, y cuando tienes cosas que hacer en tu vida cotidiana, hacer recados, trámites, etc. todo el día se convierte en una lista de la compra (y recordemos: ¡Tres máximo!): A las 14 en tal sitio. Recoger nosequé. Pasar por tal otro sitio de paso que recojo el nosecuanto. Estar de vuelta a las 15:30 y ponerme a limpiar tal cosa antes de las 16h y llamar a Fulanito por tal asunto…

No sólo se trata de un mero recordatorio de las cosas que uno tiene que hacer, sino de un listado de cosas que necesitas tener en mente todo el tiempo para poder acordarte de todas y ¡ojo! no sólo acordarte, porque no es sólo cuestión de tiempo, sino de pelear continuamente con el constante problema de no tener claro cómo priorizar: Vale, tengo que hacer siete cosas. ¿Pero cómo las organizo? Para cualquier persona es lógico y automático pensar en coger el paquete para Correos, la lista de la compra, la cartilla del banco y dinero cuando sale a hacer esos recados. Para alguien con TDAH esa lógica no es tan automática, y muchas veces decidimos salir de casa dos o tres veces en una mañana, con el tiempo y esfuerzo que eso supone, con tal de poder priorizar mejor y parcelar las cosas que tenemos que hacer.

Por ejemplo, mientras que una persona cualquiera se levanta por la mañana sabiendo que tiene que ir al médico, a comprar a tres sitios diferentes, coger un autobús al centro comercial para devolver un jersey porque es el último día, ir a tal sitio para dejar un currículum, pasar por el cajero y echar la basura, actuará de forma más o menos automática, sabiendo que tiene que hacer esas cosas. Le vale un simple repaso mental para que no se le olvide nada, coge el jersey con su ticket, sabe que lleva encima la tarjeta de crédito, dinero para el autobús, etc, finalmente coge la basura, sale, y punto. Volverá dentro de un buen rato con todo resuelto y seguramente habrá aprovechado la oportunidad para comprar algo más o acercarse a saludar a un conocido a preguntar qué tal su abuela que estaba en el hospital.

Si yo tengo que hacer lo mismo, de entrada será imprescindible hacer una lista de todo (incluyendo “¡¡¡coger ticket!!!” junto a “Devolver jersey”) y tomarme cierto tiempo en pensar en dónde está cada uno de esos sitios a los que necesito ir, para planificar la ruta. Obviamente, si sólo tengo que ir a un sitio soy perfectamente capaz de decidir sobre la marcha si me paro en algún sitio a hacer otra cosa, pero en una situación como la del ejemplo, salir a la calle sin más pretendiendo que me voy a acordar de todo sería como pretender que un niño de cuatro años haga una multiplicación compleja. Lo más probable será que me sienta apabullado por tener que planificarlo todo y decida hacer sólo una parte de las tareas. Cuando haya terminado con ellas, entonces haré lo siguiente, etc.

¿Esto garantiza que así me aseguro de que acabaré por hacerlo todo? En absoluto. No sé de dónde salió la expresión “mirando las musarañas”, pero para alguien con TDAH, ¡el mundo está lleno de musarañas que además te llaman la atención todo el rato! Hacer una cosa después de haber completado otra es algo muy complicado, sobre todo cuando se trata de tareas complejas o que necesitan hacerse por fases, como hacer la limpieza o preparar la comida. Por poner un ejemplo, creo que empecé a escribir este artículo hace cuatro o cinco días, y os aseguro que he tenido tiempo de sobra para terminarlo, y acabarlo es un auténtico gustazo.

Por eso es tan fácil verme siempre con el móvil en la mano. No sólo porque pueda pasarme semanas cambiando una y otra vez el fondo de pantalla sin decidirme -ahí entra en acción la “H” de TDAH- sino porque puede llegar a ser muy estresante no tener siempre a mano el calendario, la agenda, organizadores personales, aplicaciones de listas de cosas por hacer… y en eso la tecnología puede ser de mucha ayuda; hay muchas herramientas muy interesantes y útiles que recomiendo a otras personas con este trastorno, porque no sólo pueden facilitarnos mucho las cosas sino que muchos terapeutas lo recomiendan. Doy fe de que tener estas cosas en el móvil, o algo tan simple como notas digitales en el ordenador, son una herramienta fantástica para combatir el estrés y a veces incluso la ansiedad.

Espero poder recomendaros algunas lo antes posible.

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