Es curioso cómo uno puede llegar a entender mejor no sólo el mundo que le rodea sino a sí mismo haciendo algo que en realidad es lógico y fundamental: Analizar, fijarse bien en las cosas, aprender por uno mismo, no prejuzgar (no sólo a los demás, sino situaciones, conceptos, etc). A los TDAH se nos da bien aprender y desarrollar conceptos sobre asuntos que nos llaman especialmente la atención, así que a ponerse las pilas.

Hace un tiempo, cuando descubrí qué era eso del TDAH y me di cuenta de que me identificaba con la sintomatología, situaciones típicas, testimonios, pruebas del DSM-IV, etc. recuerdo que mi mujer comentó -medio en broma, medio en serio- que no pretendiera escudar mis torpezas o mi vagancia en el TDAH. Y no le falta razón: Habrá quien tenga Déficit de Atención… y habrá quien verdaderamente sea torpe… o tenga un morro que se lo pisa. No voy a decir que no.

Hago esta reflexión después de haber tenido una mala experiencia. Ayer cometí un error a la hora de clasificar unos documentos (apenas diez o quince folios; no era un inventario de los sobres de Bárcenas, ni mucho menos), a pesar de haber puesto todo mi empeño en no equivocarme. Eso me llevó a pensar en la falsa idea que tienen muchas personas de que los TDAH simplemente tenemos menos memoria que Dori, el personaje de Buscando a Nemo. También recordé algo que pensé el otro día y no sé si llegué a escribirlo en este blog. Algo así como que “antes de ver una foto, primero hay que hacerla”. Es algo así como aquel proverbio nativo americano que dice que “antes de correr, hay que saber andar”.

Una persona con Déficit de Atención, no es que haga las cosas y las olvide -que también-. No es que se entere de las cosas y luego las olvide -que también-. No es que preste atención y no se entere de la mitad -que también-. Me refiero a algo muy curioso que he observado en los últimos días, en lo que no había reparado antes de saber qué era el Déficit de Atención, y que en realidad no tiene nada que ver con la mala memoria: La forma en que el cerebro capta la información que recibe. La retención en sí.

Posiblemente sea de las cosas que más les cuesta entender a quienes no tienen TDAH: Por el problema que tiene nuestro cerebro, no es ya que captemos cierta información y luego no la recordemos, sino que la captamos de forma parcial, enmarañándola con otras interferencias. Mientras que para una persona sin TDAH asimilar y aceptar en su cerebro cierta información es como hablar con un smartphone moderno, para un TDAH asimilar y aceptar en el cerebro esa información es como tener la misma conversación telefónica pero con un móvil de los años 90: Pega la oreja todo lo que quieras, que sólo te enteras de la mitad y con un sonido penoso.

Y cuando digo que es algo que la persona sin TDAH no suele comprender, es porque la gente piensa que realmente no ponemos atención, cuando en realidad el problema está ahí incluso cuando se pone atención. Una cosa es la intención o el esfuerzo, y otra cosa es que funcione. Y creo que podría hacerse un pequeño experimento: Supongamos que dos personas con el mismo nivel de Déficit tuvieran que leer una página de un libro, comprenderla, y explicarla después. Pongamos que una persona está en una habitación vacía, en un ambiente agradable y con las mejores condiciones para la concentración, mientras que otra persona está en un parque rodeada de gente hablando, niños jugando, pájaros acercándose, árboles que se mueven con la brisa, tráfico a lo lejos, etc. ¿Cuál pensáis que será el resultado?

Desde luego que nunca he hecho este experimento, sólo es una reflexión, pero estoy seguro de lo que pasaría: Cabría esperar -por parte de alguien que ni tiene ni padece el Trastorno- que la persona que ha leído en un ambiente favorable no habrá tenido problema para concentrarse y leer con atención, mientras que la persona que intentaba leer en el parque no se habrá enterado de mucho. Nunca he sido de apostar, y mucho menos según qué partes de mi cuerpo, pero me juego el cuello a que esa conclusión es errónea: Sí es cierto que la persona en un ambiente favorable podría concentrarse mejor que la persona del parque, eso es evidente, porque la persona del parque tiene montones de estímulos para favorecer la desatención, pero tratándose de alguien con TDAH, ni siquiera el ambiente favorable puede garantizar que vaya a asimilar lo que dice el libro de forma idéntica a alguien sin TDAH, porque no es cuestión de intención, ni de poner todo el empeño, ni de “como no me aprenda esta página vendrá el malo de Saw y me obligará a comerme mis propias tripas”. No, no funciona así. No es cuestión de eso. Es cuestión de que al cerebro, ese pegote gris que por suerte o por desgracia controla gran parte de nuestra experiencia vital, no realiza esa función como debería. Ya puede amenazarte Chuck Norris con volarte la cabeza de una patada voladora.

Se puede mantener una conversación telefónica de una hora y no saber explicar de qué se ha hablado. Se puede disfrutar una película y no saber contarla. Se puede hacer un examen y no ser capaz de decirle a la siguiente clase qué preguntas han puesto. Te pueden preguntar qué has hecho durante el día y tener serios problemas para estructurar la información para poder expresarla, etcétera, etcétera, etcétera. Todo ello sin contar con otros aspectos del TDAH como dejar a medias las cosas, pensar en hacer cien cosas y no hacer ninguna, sensación de prisa, procrastinar una y otra vez, etc.

Este problema para fijar en el cerebro nuestras propias vivencias incluso a muy corto plazo, explica las estadísticas: Según estudios científicos, las personas con TDAH somos ligeramente más propensos a tener accidentes y sufrir golpes, tropiezos, cortes, etc. Un ejemplo típico es lo que me pasó ayer:  Abrí un armario alto de la cocina para coger algo, lo puse sobre la encimera, me di la vuelta para tirar otra cosa a la basura, y al volverme ¡BOOM! Me dí un golpe en la cabeza con el pico de la puerta del armario. Sé que lo abrí, sé que estaba abierta, pero en cuanto dirigo mi atención a otro asunto -tirar algo a la basura, mezclado con la voz que acabo de escuchar por el patio y la canción de ese anuncio que escuché antes en la tele- la idea de “cuidado con la puerta” se borra por completo. Habían pasado menos de cinco segundos… pero suficiente para que desaparezca la imagen mental de “puerta abierta + cabeza = cuidado”. Por supuesto, me acordé de la puerta cuando se encontró con mi cabeza, ¡y de qué manera! Explico esta anécdota porque, como digo, en el mundo científico ya está ampliamente demostrado que no es simple despiste, ni simple mala memoria, sino un mal funcionamiento de ciertos neurotransmisores.

¿Le dirías a alguien en silla de ruedas que si no camina es porque no se esfuerza?

¿Le dirías a un esquizofrénico que se deje de pensar tonterías?

¿Le dirías a un narcoléptico que le debería dar vergüenza dormirse por ahí?

¿Le dirías a alguien en depresión profunda que parece tonto, siempre tan negativo?

¿Le dirías a alguien con problemas de tiroides que está gordo porque le da la gana?

Recuerdo cuando iba al cole siendo niño: Los profesores le decían a mi madre que suspendía porque era muy distraído, que me quedaba mirando las moscas, siempre soñando despierto, tardando una eternidad en hacer cualquier ejercicio para descubrir que ni siquiera lo había empezado… Mi madre convenía con ellos que tendría que esforzarme un poco más porque era “un poquito lento”. Faltaria más, en cuanto el maestro se daba la vuelta, a mi madre le faltaba tiempo para regañarme: Que si no estudias porque no te da la gana, que no puedes andar pensando en las musarañas, que si no te da vergüenza…

Por eso, si conoces a alguien con Déficit de Atención, antes de pensar que es un despistado, de tener memoria de pez, o que no se esfuerza en hacer las cosas bien, piensa que tal vez esa persona lo sepa más que de sobra y ya esté saboreando su propia dosis de frustración sin necesidad de que nadie venga a recordarle lo torpe que es.

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