Ser adulto y ser hiperactivo es como cuando vas a un bar, pides una Coca Cola y te traen una Pepsi. O como cuando -como vegetariano que soy- pides un sándwich vegetal, y le meten atún. (¡VE-GE-TAL!)

Supongo que la palabra “hiperactivo” se ha convertido en un cliché. La gente, cuando les dices que eres hiperactivo, lo interpretan como que eres alguien activo, inquieto, deportista, un tío echao palante… sin plantearse ni de casualidad que tal vez no eres ninguna de esas cosas. No necesariamente.

Pienso que tal vez la confusión sobre qué significa realmente ser un adulto hiperactivo parte del hecho de que la gente no sabe qué es un niño hiperactivo. Se cree que son niños nerviosos, maleducados, impulsivos, gritones, despistados, que pasan de hacer caso, etc. No se suele tener en consideración que un niño hiperactivo es un niño con cierta condición cerebral que le hace ser como es. Sumando a este malentendido la creencia de que sólo los niños y adolescentes pueden ser hiperactivos, ya tenemos todos los ingredientes para la confusión: Cuando un adulto dice ser hiperactivo se da por sentado que se refiere a que es inquieto, activo y demás. Pero no, la cuestión no es esa. No se trata de eso.

Los adultos hiperactivos no somos más que aquellos niños hiperactivos… que hemos crecido. Punto. Hay distintos grados de hiperactividad y el tipo de TDAH puede variar con el tiempo, y además la hiperactividad adulta cambia desde la infancia. Y cuando un adulto dice que es hiperactivo, si realmente lo es y no como cliché, se refiere a que sufre todas esas cosas que sufre un adulto hiperactivo: Sensación de inquietud permanente, necesidad de cambiar de actividad y lugar cada poco rato, aburrirse un poco de todo cada cierto tiempo en mayor o menor medida, nerviosismo e incluso ansiedad si no sabe a qué atenerse -sobre todo en cuanto a organización, por la relación de la hiperactividad con el déficit de atención- o simplemente, no saber estarse quieto. Bien lo sabe quien tenga que compartir cama, sofá, mesa o similar con nosotros: Coger la postura definitiva puede llevar un rato considerable, y no dejarnos jugar con los cubiertos mientras llega el camarero es una tortura china.

Es como un resorte: ¿Alguien quiere bajar a la tienda un momento? ¿Un voluntario para ir poniendo la mesa? ¿En qué puedo ayudar? ¿Qué hago? ¿Y ahora dónde íbamos…? Un TDAH siempre necesita sentir que se acerca a un equilibrio entre saber a qué atenerse y la actividad que se lleve a cabo: Si sé que tengo bajar a la tienda a por pan y después veremos una peli, me sentiré más relajado y mi mente estará menos ansiosa que si sólo sé lo de la tienda, sin tener ni idea de qué pasará después, o sin estar seguro. De hecho, es muy habitual que un TDAH tenga problemas para relajarse incluso en los momentos de ocio, de tener tiempo libre y oportunidad para emplearlo como a uno le venga en gana. Al final acabamos como siempre, de un lado a otro proponiéndonos hacer esto y aquello sin hacer nada, con la cabeza en siete sitios y en ninguno a la vez, escuchando el primer minuto de cada canción o levantándonos mil veces a cambiar el DVD. Amén de rascarnos, ajustarnos las gafas, balancearnos, mirar a mil sitios, taconear, acomodarnos, mordisquearnos el labio, etc. cien veces mientras tanto. Eso sí, la frecuencia es variable: Unos no paran quietos, mientras que otros, prácticamente todos, sienten cierta inquietud.

Pero a taconear un pie se puede acostumbrar cualquiera. Lo peor es lo de siempre; la sensación interna. Ese motor siempre en marcha. Esa impulsividad que tal vez desde fuera no se nota pero que por dentro nos agota mentalmente… aunque tal vez eso tampoco suela apreciarse desde fuera.

Como siempre, no puedo menos que dar algún consejo a quienes tienen cerca algún adulto hiperactivo:

-Nos aburrimos cuando estamos mucho tiempo en un sitio, con más facilidad y con mayor nivel de estrés que el resto de la gente. Intenta evitarnos pasar demasiado rato en la misma situación: Una sobremesa que se alarga, un día en la playa, una noche en un bar…

-Intenta ofrecer alternativas: Tal vez alguien hiperactivo -por más cortés y considerado que quiera ser- prefiere hacer sus propios planes mejor que aburrirse y estresarse durante largo rato con familia o amigos. De cuando en cuando, pregúntale si quiere hacer otra cosa por su cuenta, dejándole claro que no importa, que los demás no se molestarán por su ausencia.

-No insistas con los protocolos de cortesía. El hiperactivo puede revolverse en su asiento, tocar las cosas que tiene delante, mirar hacia otro lado… No pretende ser maleducado. Puede procurar tener cuidado en ambientes rígidos, como entrevistas de trabajo o una reunión de empresa, pero hay ciertos detalles que tal vez le cueste mucho controlar -como por ejemplo, apartar la mirada cuando habla con otra persona-. Puedes recordárselo, pero no presiones.

…pero sobre todo, ayúdale a saber a qué atenerse. Muchas veces el adulto hiperactivo se aburrrrrre hasta la desesperación por no decir que necesita salir, cambiar de aires, levantarse… Considero que la educación, la consideración, etc. son algo importantísimo, pero si eres adulto y tienes TDAH, es importante que tu entorno lo sepa. Si no lo saben o no lo comprenden, pasarán las horas sin que nadie diga nunca ese esperadísimo “Bueno, qué, ¿nos movemos?” Si se ofrece la oportunidad de saber qué pasará después, dónde vamos luego, a qué hora puedo levantarme o ausentarme, no estaré pasándolo mal y agobiándome innecesariamente.

¿Y tú? Si eres hiperactivo, me encantaría conocer tus experiencias y saber qué otros consejos propondrías.