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¿Deberíamos ocultar el TDAH en el entorno laboral?

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Hablando hipotéticamente, claro, porque actualmente se podría decir que mi trabajo es “sus labores”, como nuestras madres hace años…

Pero vamos a lo que vamos: Ayer una de las lectoras del blog comentaba algo que me he planteado más de una vez desde que conozco esa gran… venga sí, hay que decirlo putada que es el Déficit de Atención. En caso de presentarse uno ante alguien a quien podamos considerar nuestro jefe, o en su defecto ante la persona que decidirá si nos da un puesto de trabajo o no… ¿deberíamos explicarle que somos TDAH, con la esperanza de que sean comprensivos… o por el contrario deberíamos evitar por todos los medios que se enteren?

El TDAH es cada vez más conocido para la población general, y eso incluye a los empresarios, que tal vez hayan oído hablar de ello o, lo típico, conozcan alguien con un hijo hiperactivo, o algo así. Historia aparte es que realmente comprendan en qué consiste y consideren que tal vez una persona afectada por el Trastorno tenga ciertas necesidades que los distinguen de sus colegas: Distintas particiones de tiempo, más herramientas -o distintas- de organización y productividad, adaptación de horarios, ciertos detalles del ambiente laboral… El problema es que estamos en España, ese país donde tanta gente piensa que no pasa nada por saltarse las normas si nadie te pilla, curramos más que nadie para producir menos que nadie, nos pasamos más tiempo echando un cigarrito o desayunando que ganándonos el sueldo, y otras cosas de las que jamás nadie podría sentirse orgulloso, entre las que se encuentra pasar olímpicamente de las personas con necesidades especiales. Me sorprendía hace unos meses leer que en Estados Unidos incluso se reconoce el TDAH como cierto grado de discapacidad, por lo que las empresas están obligadas a cumplir requerimientos para que ese trabajador con problemas de desatención y/o de hiperactividad pueda sentirse realizado laboralmente y producir de forma tan efectiva como cualquiera de sus compañeros. Algo que aquí nos suena a ciencia ficción, no; lo siguiente.

¿Cabe esperar entonces que nuestro jefe vaya a ser comprensivo, reúna a los demás empleados para pedirles que nos ayuden en todo lo posible, nos ponga un reloj donde no lo había o nos ponga un taco de post-its que los demás no tienen? Pues qué queréis que os diga: Ni de cachondeo.

Hay que reconocer que hoy por hoy la comprensión generalizada del TDAH está a años luz de la que debería ser. Tampoco pretendo que la gente de la calle conozca nuestro problema como quien conoce la gripe, pero sí hasta el punto en que no somos gente despistada, olvidadiza, torpe o inquieta y se acabó. El reconocimiento del Trastorno en adultos debe llegar, al menos, a una situación en la que quienes nos rodean, al fijarse en ese reguero de despistes, olvidos o torpezas, puedan preguntarse, “Oye, ¿a ver si es que tiene problemas de atención…?” Pero ni por asomo. Hoy por hoy, como digo, se nos ve como un puñado de defectos y poco más; una persona como cualquier otra pero con un despiste encima que no se aguanta ni él; una persona corriente y moliente que no se acuerda nunca de nada y que se pasa el día pensando en lo siguiente que quiere hacer para acabar por no hacer nada. Y sí, por supuesto que los TDAH somos gente como cualquier otra, corrientes y molientes, vale, no digo que no. PERO: Con unas particularidades en el cerebro que nos dificultan ciertas cosas. Ese es el siguiente paso. Por eso es tan importante el reconocimiento generalizado del Déficit de Atención y la Hiperactividad en adultos.

Recuerdo hace unos años cuando durante una prueba de trabajo en una editorial, cada pocos minutos, cada vez que avanzaba algo del diseño que tenía que hacer, me volvía hacia el editor jefe para preguntarle qué le parecía, si así estaba bien. Y recuerdo que me miraba como perplejo, con cara de estar preguntándose por qué le avisaba a cada poco para supervisarme. Por un lado me parece lógico asegurarse de que lo que uno hace lo está haciendo bien -y más cuando un empleo depende de ello-, pero por otro está ese factor que los TDAH ya habréis podido reconocer: Esa insoportable necesidad, en según qué entornos y con qué personas, de intentar estar seguros; de saber a qué atenerse. Sé que “saber a qué atenerse” puede ser un concepto un tanto difuso, pero el Trastorno lo acentúa, como si tuvieras que mirar dónde has puesto el pie antes de dar el siguiente paso, sin saber definir de forma nítida si lo haces para tener a los demás contentos -ya sea de forma cínica o con mejores intenciones, eso ya es otra historia- o por puro impulso. Mi eterna duda es: ¿De yo haber sabido entonces que tenía un problema de atención y se lo hubiese explicado al editor jefe que me evaluaba… lo habría tenido en cuenta para hacer que mi labor fuese más productiva, o hubiese corrido a la oficina del director para decir que se arriesgaba a contratar a un inútil?

Otro tanto pasa cuando trabajas por tu cuenta. A pesar de estar en el paro, considero que soy quiromasajista, por lo que a veces me enfrento a dificultades a la hora de aplicar un tratamiento. No porque realmente no sepa cómo hacerlo, de hecho el cien por cien de las personas que han pasado por mis manos han quedado muy satisfechos; me refiero a que la mayoría de las veces no puedo separarme de mis fichas de masaje, anotaciones, reloj… y mirarlos contínuamente según se trabaja. Pero eso desde el punto de vista del cliente, o no se ve, o no se comprende. Es como cuando llamamos a un fontanero y necesita mirar una y otra vez el manual de instrucciones de la lavadora, o como si un médico nos pregunta cuatro veces que repitamos lo mismo porque no le ha dado tiempo a tomar nota. ¿Quién no se ha encontrado alguna que otra vez con un camarero que aun preguntando cien veces y apuntando el pedido en una libretita, nos acaba por traer lo que no era, o confundiéndose de mesa? Sin duda, la mayoría de la gente pensará que no son buenos profesionales, o que no son de fiar. Pero si esa mayoría de la gente sabe que hay algunas personas con cierto problema, nos valorarán como profesionales y se fiarán plenamente de nuestra capacidad de atenderles tan bien como se merecen, a pesar de necesitar ciertas condiciones, ciertos apoyos que seguramente para ellos ni siquiera tienen importancia ni les suponen molestia alguna.

En tanto ese reconocimiento generalizado del Trastorno no se afiance, tiendo a pensar que tal vez lo más prudente sea no compartir nuestra condición con nuestros potenciales contratadores, aunque sin ocultarlo -en nuestro entorno familiar, redes sociales, etc-, precisamente porque ocultándola seremos nosotros los primeros culpables de que la gente no se entere de que estamos aquí y de que realmente tenemos ciertas dificultades. Cuanto más se sepa que el TDAH es mucho más que “niños hiperactivos”, más avances habrá en términos sociales, pedagógicos, psiquiátricos, y por qué no, laborales.

¿Y vosotros? Contadme vuestras experiencias de TDAH en el entorno laboral y la relación con vuestros jefes.

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Veinticuatro horas al día. Sesenta minutos cada hora. Sesenta segundos cada minuto.

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A veces me resulta curioso cómo la gente no suele comprender que el Déficit de Atención y la hiperactividad son algo que nos acompaña veinticuatro horas al día. Sesenta minutos cada hora. Sesenta segundos cada minuto. Al menos, gran parte de esos sesenta segundos.

Y quisiera llamar la atención sobre esto. El problema de la atención no aparece cuando se nos olvida algo, o cuando nos damos cuenta de que hemos sido muy despistados con tal o cual asunto, o cuando alguien nos llama la atención por no haber hecho tal o cual tarea. El Déficit está ahí de forma permanente, con lo que no es necesario  esperar a “meter la gamba” para que los afectados identifiquemos el problema. Ya estamos demasiado ocupados con nuestro pensamiento “emm… emm… emm…” a cada momento que pasa. ¿Sabéis estas veces que sales de tu casa y justo al cerrar la puerta te invade una horrible sensación de que “se me olvida algo”? Bien: Imagina tener esa sensación casi todo el tiempo. Va y viene, pero en términos generales se podría decir que siempre está ahí.

Es fácil suponer que eso puede causar estrés, lo que tal vez tenga relación con el hecho de que un buen porcentaje de los adultos con Déficit de Atención acaban por tener problemas con drogas, además de tener una trayectoria laboral más inestable y sufrir más divorcios que la media. Estoy seguro de que esto está relacionado directamente con el hecho de que la gente que nos rodea no comprende qué nos pasa exactamente (si es que nos pasa algo). Ahí puede estar la clave: “Si es que nos pasa algo”. En tanto organizaciones, profesionales, etc. sigan tratando el TDAH como un problema infantil, como una farsa inventada por los laboratorios farmacéuticos, o como una mera curiosidad en lugar de como una patología cerebral, jamás entenderá el gran público cómo es vivir con Déficit de Atención, que es algo que se debe tener en cuenta y que los afectados nos sentimos mucho más seguros de nosotros mismos, con más confianza en conseguir hacer las cosas bien, si la gente que nos rodea tiene en consideración que ese problema está ahí.

Cualquiera puede tener un despiste. Cualquiera puede necesitar organizarse un poco. Quién no ha entrado en una habitación para preguntarse qué tenía que hacer ahí. Quién no ha tenido un despiste. Quién no puede ser olvidadizo. Quién no se ha sentido alguna vez aburrido y con ganas de cambiar de aires. El problema no es ese. Eso puede resultar hasta gracioso en un momento dado, como cuando te presentas en el baño con un plato de macarrones y reírte de lo absurdo que pareces delante del espejo. El problema no es ese, ese pequeño reguero de despistes que cualquiera deja tras de sí en su día a día. El problema es que toda tu vida sea un gran despiste, un gran agobio, un gran “se me olvida algo” permanente bajo órdenes de un cerebro que no sabe comportarse de otra manera.

Por cierto… Sí: Como buen TDAH, he necesitado repasar tres o cuatro veces y a trompicones el título de esta entrada para asegurarme de que no me hago un lío con los números.

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