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Es una pena. Mucha gente ha conocido y se ha solidarizado con la Esclerosis Lateral Amiotrófica con todo esto del reto del cubo de hielo, y casi cada día pienso en cómo podría contribuir de alguna forma para que se conozca mejor el TDAH adulto y la gente lo comprenda.

Estaba leyendo en un foto americano un artículo sobre los problemas tan serios que llega a provocar el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad en la vida de pareja y digo que es una pena porque allí están a años luz de nosotros. Mientras en España los pocos TDAH adultos que hay diagnosticados muchas veces ni nos molestamos en contárselo a nuestra familia o amigos porque es muy difícil que nos entiendan -ni siquiera cuando conviven con nosotros y les contamos de qué va-, en EEUU la gente tiene unos detallazos preciosos, con hijos que dejan notitas a sus padres por toda la casa, parejas que se sientan cada x tiempo a organizar calendarios, economía doméstica, citas, planes, etc con toda la paciencia y cariño del mundo para que el TDAH no se agobie, jefes que te preguntan cómo vas y que te hacen llorar de ver cómo te motivan, te animan o te mandan a descansar cuando te ven nervioso… Por no hablar de que allí los adultos existimos. Aquí hay montones de asociaciones, grupos de apoyo, asesores, programas, ayudas, conferencias, expertos… que tienen la mejor de las intenciones… pero sólo dentro de sus propios grupos de actuación y hasta que te empieza a cambiar la voz y te crece la pelusilla del bigote. Entonces ya no existes apenas, ni para ellos ni para el jefe, el novio o la vecina de enfrente, que son quienes igual cuentan para uno, y no sólo los que estudiaron psiquiatría.

Sólo se observa el TDAH cuando afecta a las notas del cole, a la relación con otros niños, a la educación, al juego, al aprendizaje, a los padres… Nadie habla nunca del TDAH relacionado con momentos terriblemente agrios en la relación de pareja, cuentas en números rojos, no alimentarse correctamente, accidentes domésticos, en el trabajo y de tráfico, no tomar medicaciones importantes, desatender la limpieza, nadie habla de divorcios, violencia doméstica, abuso de drogas, ansiedad y un largo etcétera que nadie comprende, nadie reconoce, nadie sabe de qué va, hasta el punto de no contárselo a nadie por temor a que te digan que estás majara o que lo tuyo es tontería, o no lo entiendan por más interés que pongan. Es complicado hacer entender a alguien que para nosotros, el simple hecho de estar sentado tranquilamente en el sofá, quedarnos dormidos por la noche o salir a la calle a hacer recados puede atacarnos de los nervios. No es fácil pasarte la mañana de pie en el salón, dando vueltas nervioso y agobiado pensando que tienes que hacer la comida y pasar la fregona, no arrancar a hacerlo y que pasen horas hasta que ya no tienes tiempo y no tengas ni idea de por qué no lo has hecho, ni qué has hecho todo ese tiempo. O no ser capaz de explicar a alguien lo que acaba de decirte otro como sea mínimamente complejo. O agobiarte haciendo algo que en realidad has hecho miles de veces. Hay quien sale de la ducha y se da cuenta de que sólo se ha lavado las manos, y hasta te ríes, vale… Y hay quien acaba divorciado, solo, arruinado o con una sobredosis en la cárcel sin tener ni idea de por qué no puso remedio antes, pero es que realmente no podía, porque no es voluntad, no es ánimo, no es ganas, no es actitud: es que al cerebro no le da la gana. Entonces el TDAH no tiene ni puta gracia… ni nada que ver con simples “niños inquietos” como cree mucha gente. ¿Habéis pensado alguna vez lo amargo que puede ser tener problemas de pareja y tener pánico a sentarse a hablar porque eres incapaz de organizar tus argumentos, tus ideas, de explicarte con propiedad, por no hablar de cuando tu pareja te echa en cara algo grave… y pensar “tierra trágame” porque no consigues adivinar de qué te está hablando?

Es emocionante ver lo que la gente cuenta en foros americanos y dan ganas de que hagan documentales o algo así para que hubiera más concienciación sobre lo que realmente significa ser TDAH adulto. Siempre lo digo: Tenemos más o menos problemas, y a veces hasta tiene su gracia, pero el verdadero trastorno es no poder hacer que los demás se pongan en nuestro pellejo, porque su comprensión, apoyo, cariño y paciencia, santísima paciencia, son el mejor tratamiento.

Ponerse en nuestro pellejo, que fácil es soñar… Más de uno iba a flipar.

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