A veces hay gente con tal enfermedad, tal síndrome, tal trastorno, yo el primero, que parece que nos encannnnta tenerlos. Los comentamos en las redes sociales, tenemos un blog, hablamos de ello con cierta frecuencia, le damos importancia, a veces hasta se montan asociaciones, plataformas, Día Mundial de Qué malito estoy…

Y yo creo que es un poco como ser negro, o como ser gay, incluso ser mujer. Hay millones de blancos señalando cómo a los negros les encanta hablar de lo negros que son. Y millones de heteros señalando cómo a los gays les encanta hablar de lo gays que son. Y millones de hombres señalando cómo a las mujeres les encanta hablar de lo mujeres que son.

¿Realmente es tan importante? Se podría decir que no. Vamos, a mí personalmente me importa tres pepinos que el planeta pudiera llenarse de mujeres negras gays hiperactivas, por ejemplo. Lo que la gente que se considera «normal» no entiende es que un negro tiene derecho a resaltar y enorgullecerse de su raza precisamente porque durante mucho tiempo se le ha faltado el respeto por algo que jamás debió tener importancia. Exactamente igual a los gays que están orgullosos de reclamar su identidad como gays porque ya están hartos de ser tratados diferente por su orientación sexual, algo que nunca debió ser motivo de trato discriminatorio. Y exactamente igual que las mujeres que, siendo mujeres como los hombres son hombres, han sido y siguen siendo tratadas inapropiadamente por serlo, sin más.

Un negro, un gay o una mujer quieren ser tratados como las personas normales que son. Han llegado a algo tan triste para la Humanidad como tener que levantar una bandera para gritar que son normales como cualquier otro que no sea ni negro, ni gay ni mujer… Levantar la voz para que se les oiga decir que no tendrían por qué levantar la voz.

Pues a los TDAH adultos, así como a los que tienen Síndrome de Tourette, Trastorno Obsesivo Compulsivo, etc. nos pasa justo eso. Una seña distintiva de los TDAH es que cuando algo nos resulta interesante, apasionante, o nos parece importante, nos volcamos con una enorme dedicación. Y muchos de nosotros parecemos empeñados en hablar al mundo sobre este trastorno, como quien habla de ser negro, gay o mujer: Sentimos que tenemos problemas por ser lo que somos y que en buena parte son problemas que no estarían ahí si quienes interactúan con nosotros lo hiciesen de otra forma. Por eso la concienciación, la información, los testimonios, etc. sin tan importantes.

Yo no puedo estar orgulloso de ser TDAH o de tener estos estúpidos síntomas de Tourette últimamente, igual que ninguna persona de movilidad reducida puede estar orgulloso de tener las piernas muertas. Pero si esa persona en silla de ruedas habla a los demás de sus problemas y limitaciones, tal vez le empiecen a comprender de otra forma más correcta, más provechosa. De la misma manera, los TDAH adultos que conocemos bien la patología, estamos diagnosticados, etc. tenemos la responsabilidad de compartir con los demás lo que nos pasa. No por hacernos los interesantes, ni por ser pesados, ni por obsesión, sino porque más allá de disfunciones cerebrales, lo que más pesa a un TDAH adulto es sin duda la incomprensión de quienes le rodean.

Los negros, los gays o las mujeres todavía tendrían muy pocos derechos y libertades de no ser por quienes se levantaron a hablar para que les prestaran atención sobre sus problemas. ¿Qué mejor forma de comprender los problemas que sufre un colectivo, que los testimonios en primera persona? ¿Cómo puede enterarse la gente de nuestras limitaciones o necesidades: Leyendo los artículos y estadísticas de algunos pediatras, o con un TDAH que les explique cómo es la vida de un TDAH?

Es como en aquellos viejos libros, donde hombres blancos europeos hablaban con pedantería y paternalismo sobre cómo eran los indios, o los negros del África salvaje. Desde entonces, ser indio, o negro, o gay, o mujer, ha cambiado mucho. Ojalá no haya que esperar tantos siglos para que la gente tenga en cuenta que hay personas con TDAH, o autista, o bipolar, o Tourette, o Down, o lo que sea, comprendiendo que al mismo tiempo somos diferentes e iguales, y dejemos de hablar una maldita vez de lo que se supone que es «normal». Yo ya sé que no soy normal. Hace un rato me puse muy nervioso y empecé a rascarme la camiseta compulsivamente con un nudo en la garganta porque no sabía cómo seguir metiendo ropa en bolsas tras una breve interrupción, y eso a una persona «normal» no le pasa. Lo que yo quiero es que se NORMALICE mi trastorno para que, si eso mismo me pasa en un puesto de trabajo, por ejemplo, la gente que me rodea me comprenda un poco mejor en lugar de pegarme la etiqueta de irresponsable, vago, falto de proactividad, lento, torpe, infantil, blandengue, llorón, y todas esas cosas que durante toda mi vida me han hecho sentir por pura y simple incomprensión.

No quiero tener que parecer un inútil por apuntarlo todo. No quiero que mi matrimonio acabe por las malas por mi falta de organización. No quiero que me despidan por obligarme a memorizar cuando hay otras opciones. No quiero que hagan llorar en el cole a mi hijo ni le obliguen a quedarse una hora extra cuando sea incapaz de entender una ecuación matemática, como me pasó a mí.

Y lo siento pero no, no me da la puñetera gana tener que esconderme o disimular o tener que reventar de estrés porque la sociedad no esté acostumbrada a ver alguien haciendo movimientos raros, rascándose, carraspeando o balanceándose sin parar cuando realmente es algo que no puedo controlar. Bastante tengo con sufrirlo. Nadie nace con la decisión de ser negro, gay, mujer, TDAH, Tourette, TOC o lo que sea. Sólo quiero normalizarlo para que blogs como éste ya no sean necesarios.

Dedico este artículo a Pedro Zerolo. DEP.

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