article-2085711-060a895c000005dc-906_468x448Esta tarde me han pasado el enlace a un artículo. Ya sabéis: El típico artículo del típico “experto” de turno que escribe -y vende- libros sobre TDAH sin saber realmente en qué consiste y que se rasga las vestiduras lamentando cómo el todopoderoso lobby farmacéutico convierte nuestros pobres niñitos en yonkis pastilleros.

Pues oye, tal y como he comentado un par de veces en Facebook, supongo que soy el terror de quienes niegan el TDAH, porque 1) Soy TDAH, 2) Soy adulto y por tanto mi TDAH no tiene nada que ver con cualquier influencia que pudiera recibir por parte de educadores, pediatras, padres, etc., 3) Defiendo la gran utilidad de la medicación, y 4) No le tengo ninguna simpatía a la industria farmacéutica.

Toma ya. Y ahora qué. ¿Es posible echar por tierra este y tantos otros libros en un párrafo tan breve y tan simple? Parece que sí, y también con razonamientos simples, porque no olvidemos que una afirmación no sólo debe tener autoridad por su propio peso, sino que además debe demostrar dicha autoridad según las respuestas que pueda recibir, y yo tengo algunas respuestas.

Como por ejemplo que un psicólogo opine sobre farmacología: Los psicólogos no deberían tratar el TDAH porque el TDAH es una serie de disfunciones cerebrales. Si haciendo honor a su nombre, llega a causar un trastorno en la vida de quien lo padece, entonces veo normal que actúe un psicólogo, pero quien debe decidir sobre esa medicación es un psiquiatra o un neurólogo.

Ojo al segundo encabezado: Hay estudios sobre TDAH que están vinculados a la industria farmacéutica. Efectivamente: Estudios. Pero a mí como afectado en primera persona lo que me importa conocer es la experiencia real de alguien con TDAH. Es como si a un mendigo que vive en la calle le vienes a hablar sobre estadísticas de poder adquisitivo y la influencia del sector financiero en las encuestas sobre calidad de vida. Eso no le interesa, le interesa acabar el día llevándose algo a la boca. A mí como TDAH, los estudios y estadísticas sobre TDAH me despiertan un interés nulo. Es parecido a la afirmación de que la atención que consigue la medicación es una atención “artificial”. ¿Y qué? Las sillas de ruedas, las gafas, las prótesis de cadera o los bastones de los ciegos también son artificiales. ¿Publicamos artículos de prensa y libros criticándolos y acusando a los fabricantes de ortopedia de tener intereses maquiavélicos? Cuando nos duele la cabeza nos tomamos un Paracetamol y su efecto también es artificial. ¿Apostamos todos por plantar cara al dolor y montamos plataformas ciudadanas contra la gran mentira del Paracetamol?

Yo descubrí mi TDAH siendo ya adulto. Y no me refiero en el instituto, sino con la cabeza ya sentada, que se suele decir. Y no me lo inventé; yo ya sabía, y mi mujer sabía, y mi madre sabía, y mucha gente sabía que algo me pasaba, exactamente igual que mi padre (¡mi progenitor genético, qué casualidad!)

“Ciertos comportamientos” de los niños no son TDAH. Que un chaval en clase no atienda “de la manera esperada” no es TDAH. Efectivamente, son cosas que simplemente requieren concentración y estar atento. Pero resulta que quienes tenemos TDAH, es pantomima inventada, precisamente no podemos concentrarnos ni estar atentos. En mis cuarenta años de edad jamás he sido capaz de salir de compras o hacer recados y recordar más de tres cosas al mismo tiempo. Sin importar lo importantes que fuesen. Sin importar la bronca monumental que me pudiera esperar al volver a casa. Sin importar que acabase repitiendo curso. Sin importar que me castigaran quedándome sin salir de clase cuando los demás se iban a su casa. Sin importar cuánto me doliera la cabeza intentando prestar el máximo de atención posible. Sin importar qué nivel insoportable de ansiedad me estuviese ahogando.

Nunca me voy a olvidar de cuando la profesora me miró fijamente a los ojos y me repitió varias veces que me iba a aprobar matemáticas porque si no tendría que seguir en la EGB mientras los demás chavales de mi edad empezaban segundo en el instituto, porque sabía que por más que me apretara ella y por más que yo hiciera por intentar entender las cosas, se daba cuenta de que no era capaz. Que no era cuestión de cuánto me esforzara porque esforzándome el doble que los demás, mis resultados eran los que eran. Me lo dijo clara, lenta y pausadamente varias veces delante de toda la clase para que supiera que era una consideración especial, no un favor.

Así que no me venga este hombre a decir que “la evidencia desaparece”, porque a mí la evidencia no me desaparece cuando pongo la tele, ni cuando me voy a la cama a dormir, ni cuando cierro los ojos bajo la ducha, ni cuando “me esfuerzo”. Un TDAH no mejora su concentración esforzándose, exactamente igual que un ciego no verá mejor abriendo más los ojos, diga lo que diga ningún “experto” en ningún libro. Que curiosamente, no se consideran ningún “grupo de presión”. Cuando el TDAH se toma en serio, es porque hay un lobby farmacéutico y se pretende manipular a la opinión pública. ¿Y cuando se publican más y más artículos, y más y más libros, diciendo que el TDAH es una farsa y que todos y cada uno de los síntomas que experimento 24 horas al día son mentira, empeñados en que todo es obra de un plan maquiavélico de una industria todopoderosa -que de hecho siempre he detestado- eso no es un “grupo de presión”?

Si yo tengo TDAH es porque mis padres fueron unos irresponsables que no supieron ni quisieron criarme en condiciones y porque mi psiquiatra es un Terminator llegado del futuro para controlar mi cerebro con drogas espantosas maquinadas por un lobby que pretende dominar el universo. Pero si tú te sacas un buen dinerito vendiendo libros y dando entrevistas insultándome como afectado por TDAH que soy, resulta que eres la puñetera Madre Teresa de Calcuta. ¿Perdona?

A mí me entran tics nerviosos cuando me siento agobiado sin poder moverme de un sitio. Los niños hiperactivos no es que no quieran estarse quietos, ni obedecer, ni prestar atención a lo que les están diciendo: Es que no pueden, y si obligas a un hiperactivo a estarse quieto la presión que pueden -podemos- llegar a soportar es como si a un tetraplájico le repiten todos los santísimos días una y otra vez que se levante a andar de una maldita vez, y que si no anda es porque no le da la gana. Eso sí que es un trastorno psicológico. Eso sí que es sentirse presionado. Pero ahora va a resultar que todas las crisis de ansiedad que he tenido a lo largo de mi vida han sido porque mis padres estaban “presionados por las circunstancias de la vida” y me distraían los juguetes y los anuncios. ¿Qué impacto pretende este “experto” que tenga un juguete sobre un niño? ¿La contemplación meditativa?

Tarde o temprano tenía que aparecer la palabra maldita: Anfetamina. ¿En lugar de decir que a los niños con TDAH se les medica con anfetaminas, por qué no decir que cuando la gente tiene dolores de espalda, se les medica con heroína? La comparación no es tan disparatada. ¿Por qué no se dice eso? Nadie se alarma cuando alguien toma Prozac o Lexatin o Valium, pero si alguien toma Concerta… ¡ostras, un drogata, seguro que el año que viene empieza con los porros y al otro se está pinchando en un callejón oscuro! Un poco de seriedad, por favor. Y sí, puede haber cierta relación entre algunos tratamientos con metilfenidato y alternaciones cardiovasculares. ¿Le damos un repaso al prospecto de la Aspirina y apostamos a quién le da antes un infarto? Insisto: Un poco de seriedad, por favor.

Y si un niño se sirve de su papel de “enfermo” para justificarse, entonces sí que es cuando los padres tienen un problema en su educación. Es como si yo tengo un hijo sordo y me entero de que utiliza su sordera como excusa para aprovecharse. Se le iba a cortar el rollo en menos que gruñe Peppa Pig.

Anda, y vaya sorpresa… Resulta que este psicólogo, que ofrece entrevistas a la prensa, que critica a los “grupos de presión”, que ha publicado un libro por una pura e inocente afición a imprimir letras en papeles, acaba el artículo diciendo a los padres de niños con TDAH que menos tontería… y más acudir al psicólogo.

Touché.