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Últimamente me cruzo por internet con muchos consejos para ayudar a los TDAH a concentrarse, y me he dado cuenta de que casi siempre tienen algo en común: Se inspiran en técnicas básicas de meditación.

Como sabéis, soy TDAH diagnosticado ya siendo adulto, budista tibetano desde hace doce años e instructor de meditación organizando talleres en la zona sur de Madrid (Más info en www.meditaciontibetana.wordpress.com), y no tengo duda de que -al menos en mi caso personal- hacer meditación me ha aportado más beneficios con respecto al TDAH que incluso tomar medicación, si no más -aunque ésta también pueda ser muy útil-.

Según la visión budista, la mente y el cerebro pueden estar muy relacionados; todos hemos oído hablar de la buena relación que mantienen el budismo tibetano y la ciencia al más alto nivel, pero mente y cerebro son dos entidades independientes. La ciencia ya ha permitido saber que el TDAH es una disfunción cerebral, así que las dificultades que supone siempre estarán ahí en mayor o menor medida, pero aunque no tengamos la capacidad de controlar del todo bien las funciones cerebrales, especialmente las que no funcionan bien, sí podemos avanzar mucho en cuanto a la mente en sí, observando su comportamiento, siendo constantes y educándola poco a poco. Y no por ello hace falta sentir interés por el budismo ni por ningún tipo de espiritualidad necesariamente. Todos tenemos cerebro y todos tenemos mente, así que todo el mundo tiene la misma posibilidad de observarla y educarla.

Sí he visto que muchas veces se recomienda regalarnos recompensas: Si termino esta tarea, hoy pido pizza. Si estudio hasta las 3, me como un dulce. Si trabajo durante una hora, veré vídeos de gatitos 15 minutos… En general no estoy de acuerdo con que sean premios en sí, porque aunque sea de forma inconsciente nos estaremos acostumbrando a hacer las cosas por el premio, no por el valor en sí de hacerlas. Y sabiendo cómo somos los TDAH, reconoceréis que al final pasaremos de todo y pediremos pizza, nos comeremos el dulce y veremos vídeos de gatitos, hagamos las tareas o no.

Sí podemos asociar objetivos, incluso más de uno, con otras pequeñas rutinas agradables y hacer que siempre vayan juntos. Por ejemplo:

-Cada mañana cuando hagas un repaso a las tareas pendientes del día, primero enciende una varilla de incienso y repasa la lista sentado mientras te tomas tu infusión favorita.

-Cuando tengas que salir a hacer varios recados o trámites, llévate siempre un libro: Cuando termines de hacer un par de encargos, siéntate en el primer banco que veas, pon un temporizador que te avise en 15 minutos, y dedícate a leer durante ese tiempo. Después, termina el otro recado.

-Siempre que comas a mediodía, hazlo un paquete indivisible: Almorzar, levantarte a fregar los platos inmediatamente después de acabar de comer, y de ahí directo a lavarte los dientes, y siempre que friegues los platos, que sea con buena música.

-Si madrugas para hacer un poco de meditación, que sea delante de una ventana y coincidiendo con el amanecer.

Etcétera. Así podrás hacer distintas tareas, no viéndolas como elementos independientes que tienes que quitarte de enmedio de forma caótica y agobiante, sino como esos menús para niños en el burger: Varias cosas relacionadas juntas en una cajita, y con un juguete de regalo. Así el estrés de tener que cumplir varios objetivos (incluso si es uno solo) te afectará menos porque habrá un elemento agradable que además le dará cierta estructura. No será cuestión de “si lo haces habrá premio y si no te fastidias”, porque a nosotros nos cuesta más establecer esa relación que al resto de la gente.

Es parecido a cuando estábamos en el colegio o el instituto, y de vez en cuando algún profesor decidía que hiciéramos alguna tarea en silencio mientas ponía música clásica. O como cuando se hacía una clase informal donde se promovía el debate y al llegar la hora nadie tenía prisa por salir pitando¿Verdad?

No se trata de sobornar al estrés con promesas de placeres sensoriales, ni pretender hacer creer al cerebro que si se porta bien le daremos una chuche, sino de establecer verdaderamente una actitud mental más relajada. Repito: Puede que no podamos controlar la actividad de la corteza prefrontal tan bien como quisiéramos, pero es que el cerebro no tiene responsabilidad real sobre nuestra decisión de tener una motivación positiva, igual que no la tiene la vecina de al lado: Es una responsabilidad nuestra para con nuestra propia mente. De nadie más.

Como TDAH que eres, sé honesto contigo mismo y reconoce sinceramente que cada día, incluso esforzándote, impacientándote y agobiándote, se te escapan muchos minutos, si no horas, de tiempo que podrías aprovechar mucho mejor. Aunque para nosotros sea muy importante saber a qué atenernos y saber qué va a pasar durante todo ese tiempo, sentarnos cada mañana en silencio, con la espalda recta, diciéndole a toda esa maraña de pensamientos que por favor se calle un momento, y limitándonos a ser conscientes de cómo la respiración entra y sale, puede tener un valor incalculable, porque una disfunción cerebral nos impide tener una percepción clara de la relación que hay entre nuestras actividades y el avance del tiempo, pero nada ni nadie nos puede impedir educarnos mentalmente poco a poco para que esa disfunción no nos haga sentir tan mal. Porque no siempre es la disfunción en sí lo que nos hace sentir mal sino, en buena medida, nuestra disposición mental ante esa circunstancia.