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Quien calla no otorga

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argue-debateRecupero una reflexión que tuve hace unos años:

Muchas veces los hiperactivos tenemos el impulso de hablar: Ya sea hablar un rato sobre cualquier cosa sin importancia, o no ser especialmente habladores pero soltar de pronto comentarios sin pensar demasiado, algo que a veces nos hace sentir mal porque nos damos cuenta de lo inapropiado que resulta cuando las palabras ya están saliendo por la boca, o bien porque no nos damos cuenta de haber dicho nada inoportuno y no entendemos por qué nos están recriminando.

Y por supuesto también podemos tratar asuntos serios… siempre que sea a nuestro ritmo. Por eso es muy habitual que quienes tenemos Déficit de Atención detestemos discutir:

Argumentar está bien, es una forma natural de llegar a un entendimiento en caso de existir diferencias o problemas… si no fuese porque para eso hay que organizar antes ese argumento. Y cuando tienes delante a otra persona organizando y disparando su propio guión -especialmente cuando no es una agradable charla filosófica, sino una discusión abierta-, nos vemos involucrados sin escapatoria en una situación tan arrolladora como seria y de pronto… ¡flop! no tienes ni idea de qué de se está hablando ni por qué esa situación está ocurriendo siquiera. Así, sin más. Como cuando estás viendo la tele y en el momento más emocionante de la película, se va la luz. 

Y en ese momento no puedes decir «emmm… perdona, vuelve atrás, es que me he perdido. O mejor, vamos a dejarlo».

Por eso a muchos TDAH nos dan pánico las discusiones y los momentos «tenemos que hablar». A la inquietud natural del momento se suma el no ser capaz de seguir el ritmo de la otra persona, que en otros momentos no lo sé, pero en ESE momento, de lo último que tiene ganas ni paciencia -ni intención- es de pararse a considerar que nuestro cerebro va con los bolsillos cargados de piedras. Es más, si es una conversación acalorada, lejos de pararse un momento a recapacitar, lo más probable es que a esa persona le importe cuatro narices que le sigas el ritmo o no: Pero aun así, pretenderá que estés a su misma altura.

Así, incluso cuando no hay ninguna discusión desagradable pero necesitamos exponer nuestros sentimientos a otra persona, con frecuencia nos sentimos frustrados y descontentos, y preferimos dar a conocer nuestra postura en una carta o un email, donde nadie te interrumpe dejándote descolocado al vuelo. 

Entre otras razones -empezando porque me parece una falta de respeto sin fundamento- por eso nunca me ha gustado la expresión «quien calla, otorga». Pues no, no otorga. No lo des por sentado. No sabes qué motivo tiene el otro para preferir callar. Puede que, sencillamente, algo tan simple para ti como mantener una conversación, para alguien con TDAH sea un muro demasiado alto a veces. Así que la próxima vez que discutas con alguien, le acuses, le recrimines, le inquieras o le implores esto o aquello y tengas la impresión de que es como hablar con una pared, recuerda que tal vez esa persona tenga argumentos tan respetables como los tuyos… o puede que mucho mejores que los tuyos, pero no es capaz de verbalizarlos. No a tu ritmo. En en tu terreno. Y desde luego, no si sigues presionando, insistiendo y sacando conclusiones sin conocer la otra vesión.

Es más: Si mantienes ese comportamiento cuando tienes problemas con alguien, sacar conclusiones cuando el otro mantiene silencio no dice nada bueno de tu sentido del respeto. Con TDAH o sin TDAH.

No podemos cambiar de cerebro, pero sí de mente

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Últimamente me cruzo por internet con muchos consejos para ayudar a los TDAH a concentrarse, y me he dado cuenta de que casi siempre tienen algo en común: Se inspiran en técnicas básicas de meditación.

Como sabéis, soy TDAH diagnosticado ya siendo adulto, budista tibetano desde hace doce años e instructor de meditación organizando talleres en la zona sur de Madrid (Más info en www.meditaciontibetana.wordpress.com), y no tengo duda de que -al menos en mi caso personal- hacer meditación me ha aportado más beneficios con respecto al TDAH que incluso tomar medicación, si no más -aunque ésta también pueda ser muy útil-.

Según la visión budista, la mente y el cerebro pueden estar muy relacionados; todos hemos oído hablar de la buena relación que mantienen el budismo tibetano y la ciencia al más alto nivel, pero mente y cerebro son dos entidades independientes. La ciencia ya ha permitido saber que el TDAH es una disfunción cerebral, así que las dificultades que supone siempre estarán ahí en mayor o menor medida, pero aunque no tengamos la capacidad de controlar del todo bien las funciones cerebrales, especialmente las que no funcionan bien, sí podemos avanzar mucho en cuanto a la mente en sí, observando su comportamiento, siendo constantes y educándola poco a poco. Y no por ello hace falta sentir interés por el budismo ni por ningún tipo de espiritualidad necesariamente. Todos tenemos cerebro y todos tenemos mente, así que todo el mundo tiene la misma posibilidad de observarla y educarla.

Sí he visto que muchas veces se recomienda regalarnos recompensas: Si termino esta tarea, hoy pido pizza. Si estudio hasta las 3, me como un dulce. Si trabajo durante una hora, veré vídeos de gatitos 15 minutos… En general no estoy de acuerdo con que sean premios en sí, porque aunque sea de forma inconsciente nos estaremos acostumbrando a hacer las cosas por el premio, no por el valor en sí de hacerlas. Y sabiendo cómo somos los TDAH, reconoceréis que al final pasaremos de todo y pediremos pizza, nos comeremos el dulce y veremos vídeos de gatitos, hagamos las tareas o no.

Sí podemos asociar objetivos, incluso más de uno, con otras pequeñas rutinas agradables y hacer que siempre vayan juntos. Por ejemplo:

-Cada mañana cuando hagas un repaso a las tareas pendientes del día, primero enciende una varilla de incienso y repasa la lista sentado mientras te tomas tu infusión favorita.

-Cuando tengas que salir a hacer varios recados o trámites, llévate siempre un libro: Cuando termines de hacer un par de encargos, siéntate en el primer banco que veas, pon un temporizador que te avise en 15 minutos, y dedícate a leer durante ese tiempo. Después, termina el otro recado.

-Siempre que comas a mediodía, hazlo un paquete indivisible: Almorzar, levantarte a fregar los platos inmediatamente después de acabar de comer, y de ahí directo a lavarte los dientes, y siempre que friegues los platos, que sea con buena música.

-Si madrugas para hacer un poco de meditación, que sea delante de una ventana y coincidiendo con el amanecer.

Etcétera. Así podrás hacer distintas tareas, no viéndolas como elementos independientes que tienes que quitarte de enmedio de forma caótica y agobiante, sino como esos menús para niños en el burger: Varias cosas relacionadas juntas en una cajita, y con un juguete de regalo. Así el estrés de tener que cumplir varios objetivos (incluso si es uno solo) te afectará menos porque habrá un elemento agradable que además le dará cierta estructura. No será cuestión de “si lo haces habrá premio y si no te fastidias”, porque a nosotros nos cuesta más establecer esa relación que al resto de la gente.

Es parecido a cuando estábamos en el colegio o el instituto, y de vez en cuando algún profesor decidía que hiciéramos alguna tarea en silencio mientas ponía música clásica. O como cuando se hacía una clase informal donde se promovía el debate y al llegar la hora nadie tenía prisa por salir pitando¿Verdad?

No se trata de sobornar al estrés con promesas de placeres sensoriales, ni pretender hacer creer al cerebro que si se porta bien le daremos una chuche, sino de establecer verdaderamente una actitud mental más relajada. Repito: Puede que no podamos controlar la actividad de la corteza prefrontal tan bien como quisiéramos, pero es que el cerebro no tiene responsabilidad real sobre nuestra decisión de tener una motivación positiva, igual que no la tiene la vecina de al lado: Es una responsabilidad nuestra para con nuestra propia mente. De nadie más.

Como TDAH que eres, sé honesto contigo mismo y reconoce sinceramente que cada día, incluso esforzándote, impacientándote y agobiándote, se te escapan muchos minutos, si no horas, de tiempo que podrías aprovechar mucho mejor. Aunque para nosotros sea muy importante saber a qué atenernos y saber qué va a pasar durante todo ese tiempo, sentarnos cada mañana en silencio, con la espalda recta, diciéndole a toda esa maraña de pensamientos que por favor se calle un momento, y limitándonos a ser conscientes de cómo la respiración entra y sale, puede tener un valor incalculable, porque una disfunción cerebral nos impide tener una percepción clara de la relación que hay entre nuestras actividades y el avance del tiempo, pero nada ni nadie nos puede impedir educarnos mentalmente poco a poco para que esa disfunción no nos haga sentir tan mal. Porque no siempre es la disfunción en sí lo que nos hace sentir mal sino, en buena medida, nuestra disposición mental ante esa circunstancia.

A vueltas con el “mindfulness”

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4Soy instructor de meditación y TDAH.

Ante todo y por encima de ninguna otra cosa, por favor suplico de rodillas que todo el planeta deje de hablar de esa moda moderna y absurda del “Mindfulness”. Esa palabra en inglés lo único que significa es algo así como “atención plena” y lo único que está consiguiendo es crear una nueva generación de “new-agers” postmodernos, escritores espontáneos, supuestos expertos y hasta gurús que pretenden enseñar la técnica de moda en gimnasios, entre el pilates y los hipopresivos. ¿Por qué no hablamos de lo que realmente es? MEDITACIÓN.

Su Santidad el Dalai Lama dijo hace unos años que si se enseñara meditación a todos los niños de ocho años del mundo entero, todos los conflictos armados desaparecerían de una generación para otra. Pero ahora la gente no habla de hacer meditación, sino de apuntarse a la moda del “mindfulness”. Sin saber qué significa en inglés siquiera. Sin estudiar una teoría primero. Sin conocer la naturaleza de la mente. Sin establecer una motivación. Sin saber exactamente para qué. A lo largo de quince años ha habido momentos en que he recibido a lamas reencarnados, codeándome con otros monjes, haciendo postraciones, haciendo ofrecimientos, recitando oraciones en tibetano con ellos, haciendo mudras con ellos, escuchando enseñanzas, recibiendo transmisiones e iniciaciones de Tantra que hasta hace unos pocos años apenas habían salido de las cuevas de los ermitaños en Tíbet, después de meses y meses, puede que años, de estudiar textos muy complejos, intentando vivir veinticuatro horas al día de acuerdo con las enseñanzas como humildemente puedo, teniendo en cuenta más de 2500 años de enseñanzas muy específicas sobre las cualidades del maestro, sobre cómo escuchar las enseñanzas, sobre conocer la naturaleza de la mente, etc, etc, etc… y me veía ahí, sintiéndome tan pequeño, humilde y honrado como afortunado… rodeado del típico grupo de amigas que se apuntan para ir juntas a tomar café, a reuniones de Mary Kay, a pilates… y a “mindfulness”.

Lo cual es todo ello perfectamente respetable. Mi llamada de atención es para que, por favor, no se banalice algo tan importante, y no importante porque yo lo practique, ni porque lo enseñen personas a quienes yo considero auténticos maestros espirituales, ni porque sea un pilar fundamental de mis creencias (mal llamadas) religiosas, ni porque el mismísimo Buda en persona alcanzara la máxima perfección gracias a ello. Sino porque hacer meditación, que es así como se llama, es algo enormemente provechoso, recomendable para cualquier persona sin importar que tenga o deje de tener cualquier creencia o filosofía de vida, pero también ancestral, complejo, profundo, preciso y precioso.

52aee2c210fb44668d6fef2c71a0b54dHasta que hace apenas unos pocos años, cuando unos científicos maravillosos, muchas veces en colaboración o animados por el Dalai Lama, han mostrado más y más interés en investigar, demostrar y exponer los beneficios de la meditación, han publicado información rigurosamente científica, estudios neurológicos, han hecho descubrimientos sorprendentes sobre neuroplasticidad y otros comportamientos del cerebro en su relación con el adiestramiento de la mente… pero como por desgracia pasa tantas veces, en nuestra sociedad, en nuestra cultura, se ha escuchado sólo parte de esa información, se ha tomado algún que otro detalle que nos ha parecido llamativo, y sin apenas interés en estudiarlo en profundidad, de la noche a la mañana resulta que en todas las ciudades de Occidente hay mil sitios en los que alguien ofrece clases, vende libros o publica vídeos de “mindfulness”, para desconectar, para relajarse, para evadirse del estrés, para ser y estar más tranquilos… Y eso está bien, faltaría más, pero que no lo llamen meditación, ni “mindfulness”. Mindfulness no es más que “atención plena” en inglés, y se está enseñando a la gente a transformar su mente sin estudiar antes qué es la mente, cómo se comporta y por qué se supone que habría que transformarla.

Realmente me fijo y me parece una pena -y no soy el único ni mucho menos; somos muchísimos los que pensamos igual- porque de algo tan profundo y transformador como la meditación, en Occidente lo degradamos a apuntarnos con las amigas a la clase de Mindfulness, ahí, entre el pilates y el zumba. Del mismo modo en que degradamos miles de años de sabiduría de los ascetas de las junglas de la India… a hacer un pseudo-yoga simplemente para socializar, relajarnos un rato, hacer un poco de ejercicio… Igual que todas y cada una de las personas sin excepción que he conocido y que se presentan como maestros de reiki exponen una técnica tan interesante y respetable basándose en historias imprecisas y malinterpretaciones sobre sus fundamentos más básicos… Lo mismo que cuando se empezó a saber en Occidente sobre algo llamado Tantra, y cuando algunos vieron imágenes budistas que representaban uniones sexuales o deidades que dejaban ver sus genitales, sin tener ni la más remota idea de lo que estaban viendo, qué significan o qué representan, sin preguntar ni investigar, dieron por sentado que aquello del Tantra era una práctica sexual supuestamente mística o trascendental que de carambola les daría dinero vendiendo libros.

Realmente es algo muy triste, porque hemos convertido sabidurías y prácticas muy profundas, antiguas y en ocasiones extraordinariamente difíciles de practicar, en lo que un maestro mío llamaba “comer helado de chocolate” o “mentalidad de Mickey Mouse”.

Yo soy practicante budista tibetano de la tradición de Su Santidad el Dalai Lama desde 2004, y hasta casi diez años después no sabía que tenía Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad, llegando a tener reconocida una discapacidad y en algunos momentos llegando a tomar más de 90 miligramos de metilfenidato todos los días. Doy una importancia enorme a la necesidad de que la sociedad conozca mejor de qué manera afecta realmente el TDAH a los adultos, y sé que es una patología cerebral de carácter neurológico que tendré hasta el día que me muera, y sé que el cerebro y la mente son cosas diferentes, y estoy completamente seguro de que hacer meditación puede ser de gran utilidad para cualquier persona en general y para personas con TDAH en particular, no porque haya leído una web, ni me haya comprado un libro, ni haya visto un documental, ni me haya apuntado a un taller, sino porque lo estudio, lo practico y lo compruebo en primera persona para ver si realmente funciona, tal y como insistía el propio Buda.

Porque para conseguir beneficios, ya seas un TDAH desesperado por relajarte o un buscador del  sentido trascendental de la vida, es importante que sea meditación, no esa moda de new-age-urbano-post-moderno que llaman “mindfulness”.

¡Cuidado! Tu psiquiatra es un Terminator llegado del futuro.

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article-2085711-060a895c000005dc-906_468x448Esta tarde me han pasado el enlace a un artículo. Ya sabéis: El típico artículo del típico “experto” de turno que escribe -y vende- libros sobre TDAH sin saber realmente en qué consiste y que se rasga las vestiduras lamentando cómo el todopoderoso lobby farmacéutico convierte nuestros pobres niñitos en yonkis pastilleros.

Pues oye, tal y como he comentado un par de veces en Facebook, supongo que soy el terror de quienes niegan el TDAH, porque 1) Soy TDAH, 2) Soy adulto y por tanto mi TDAH no tiene nada que ver con cualquier influencia que pudiera recibir por parte de educadores, pediatras, padres, etc., 3) Defiendo la gran utilidad de la medicación, y 4) No le tengo ninguna simpatía a la industria farmacéutica.

Toma ya. Y ahora qué. ¿Es posible echar por tierra este y tantos otros libros en un párrafo tan breve y tan simple? Parece que sí, y también con razonamientos simples, porque no olvidemos que una afirmación no sólo debe tener autoridad por su propio peso, sino que además debe demostrar dicha autoridad según las respuestas que pueda recibir, y yo tengo algunas respuestas.

Como por ejemplo que un psicólogo opine sobre farmacología: Los psicólogos no deberían tratar el TDAH porque el TDAH es una serie de disfunciones cerebrales. Si haciendo honor a su nombre, llega a causar un trastorno en la vida de quien lo padece, entonces veo normal que actúe un psicólogo, pero quien debe decidir sobre esa medicación es un psiquiatra o un neurólogo.

Ojo al segundo encabezado: Hay estudios sobre TDAH que están vinculados a la industria farmacéutica. Efectivamente: Estudios. Pero a mí como afectado en primera persona lo que me importa conocer es la experiencia real de alguien con TDAH. Es como si a un mendigo que vive en la calle le vienes a hablar sobre estadísticas de poder adquisitivo y la influencia del sector financiero en las encuestas sobre calidad de vida. Eso no le interesa, le interesa acabar el día llevándose algo a la boca. A mí como TDAH, los estudios y estadísticas sobre TDAH me despiertan un interés nulo. Es parecido a la afirmación de que la atención que consigue la medicación es una atención “artificial”. ¿Y qué? Las sillas de ruedas, las gafas, las prótesis de cadera o los bastones de los ciegos también son artificiales. ¿Publicamos artículos de prensa y libros criticándolos y acusando a los fabricantes de ortopedia de tener intereses maquiavélicos? Cuando nos duele la cabeza nos tomamos un Paracetamol y su efecto también es artificial. ¿Apostamos todos por plantar cara al dolor y montamos plataformas ciudadanas contra la gran mentira del Paracetamol?

Yo descubrí mi TDAH siendo ya adulto. Y no me refiero en el instituto, sino con la cabeza ya sentada, que se suele decir. Y no me lo inventé; yo ya sabía, y mi mujer sabía, y mi madre sabía, y mucha gente sabía que algo me pasaba, exactamente igual que mi padre (¡mi progenitor genético, qué casualidad!)

“Ciertos comportamientos” de los niños no son TDAH. Que un chaval en clase no atienda “de la manera esperada” no es TDAH. Efectivamente, son cosas que simplemente requieren concentración y estar atento. Pero resulta que quienes tenemos TDAH, es pantomima inventada, precisamente no podemos concentrarnos ni estar atentos. En mis cuarenta años de edad jamás he sido capaz de salir de compras o hacer recados y recordar más de tres cosas al mismo tiempo. Sin importar lo importantes que fuesen. Sin importar la bronca monumental que me pudiera esperar al volver a casa. Sin importar que acabase repitiendo curso. Sin importar que me castigaran quedándome sin salir de clase cuando los demás se iban a su casa. Sin importar cuánto me doliera la cabeza intentando prestar el máximo de atención posible. Sin importar qué nivel insoportable de ansiedad me estuviese ahogando.

Nunca me voy a olvidar de cuando la profesora me miró fijamente a los ojos y me repitió varias veces que me iba a aprobar matemáticas porque si no tendría que seguir en la EGB mientras los demás chavales de mi edad empezaban segundo en el instituto, porque sabía que por más que me apretara ella y por más que yo hiciera por intentar entender las cosas, se daba cuenta de que no era capaz. Que no era cuestión de cuánto me esforzara porque esforzándome el doble que los demás, mis resultados eran los que eran. Me lo dijo clara, lenta y pausadamente varias veces delante de toda la clase para que supiera que era una consideración especial, no un favor.

Así que no me venga este hombre a decir que “la evidencia desaparece”, porque a mí la evidencia no me desaparece cuando pongo la tele, ni cuando me voy a la cama a dormir, ni cuando cierro los ojos bajo la ducha, ni cuando “me esfuerzo”. Un TDAH no mejora su concentración esforzándose, exactamente igual que un ciego no verá mejor abriendo más los ojos, diga lo que diga ningún “experto” en ningún libro. Que curiosamente, no se consideran ningún “grupo de presión”. Cuando el TDAH se toma en serio, es porque hay un lobby farmacéutico y se pretende manipular a la opinión pública. ¿Y cuando se publican más y más artículos, y más y más libros, diciendo que el TDAH es una farsa y que todos y cada uno de los síntomas que experimento 24 horas al día son mentira, empeñados en que todo es obra de un plan maquiavélico de una industria todopoderosa -que de hecho siempre he detestado- eso no es un “grupo de presión”?

Si yo tengo TDAH es porque mis padres fueron unos irresponsables que no supieron ni quisieron criarme en condiciones y porque mi psiquiatra es un Terminator llegado del futuro para controlar mi cerebro con drogas espantosas maquinadas por un lobby que pretende dominar el universo. Pero si tú te sacas un buen dinerito vendiendo libros y dando entrevistas insultándome como afectado por TDAH que soy, resulta que eres la puñetera Madre Teresa de Calcuta. ¿Perdona?

A mí me entran tics nerviosos cuando me siento agobiado sin poder moverme de un sitio. Los niños hiperactivos no es que no quieran estarse quietos, ni obedecer, ni prestar atención a lo que les están diciendo: Es que no pueden, y si obligas a un hiperactivo a estarse quieto la presión que pueden -podemos- llegar a soportar es como si a un tetraplájico le repiten todos los santísimos días una y otra vez que se levante a andar de una maldita vez, y que si no anda es porque no le da la gana. Eso sí que es un trastorno psicológico. Eso sí que es sentirse presionado. Pero ahora va a resultar que todas las crisis de ansiedad que he tenido a lo largo de mi vida han sido porque mis padres estaban “presionados por las circunstancias de la vida” y me distraían los juguetes y los anuncios. ¿Qué impacto pretende este “experto” que tenga un juguete sobre un niño? ¿La contemplación meditativa?

Tarde o temprano tenía que aparecer la palabra maldita: Anfetamina. ¿En lugar de decir que a los niños con TDAH se les medica con anfetaminas, por qué no decir que cuando la gente tiene dolores de espalda, se les medica con heroína? La comparación no es tan disparatada. ¿Por qué no se dice eso? Nadie se alarma cuando alguien toma Prozac o Lexatin o Valium, pero si alguien toma Concerta… ¡ostras, un drogata, seguro que el año que viene empieza con los porros y al otro se está pinchando en un callejón oscuro! Un poco de seriedad, por favor. Y sí, puede haber cierta relación entre algunos tratamientos con metilfenidato y alternaciones cardiovasculares. ¿Le damos un repaso al prospecto de la Aspirina y apostamos a quién le da antes un infarto? Insisto: Un poco de seriedad, por favor.

Y si un niño se sirve de su papel de “enfermo” para justificarse, entonces sí que es cuando los padres tienen un problema en su educación. Es como si yo tengo un hijo sordo y me entero de que utiliza su sordera como excusa para aprovecharse. Se le iba a cortar el rollo en menos que gruñe Peppa Pig.

Anda, y vaya sorpresa… Resulta que este psicólogo, que ofrece entrevistas a la prensa, que critica a los “grupos de presión”, que ha publicado un libro por una pura e inocente afición a imprimir letras en papeles, acaba el artículo diciendo a los padres de niños con TDAH que menos tontería… y más acudir al psicólogo.

Touché.

Disculpen mi lenguaje…

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Hoy me he encontrado con una web donde hablan de un libro de esos que hablan de enfermedades inventadas por la industria farmacéutica. ¿Qué os voy a contar, no?

Y qué quieres que te diga. Será la fiebre del trancazo que tengo, pero he publicado esto en los comentarios:

A veces según qué cosas hay que decirlas claras: Los TDAH estamos un poquito hasta los huevos / ovarios de esa imbecilidad de que el TDAH es inventado o exagerado o leches en vinagre. Es un problema muy muy complejo que da lugar a muchísimas putadas en la vida. Ni despiste, ni mala memoria, ni ostias en vinagre, perdonar que me mosquee pero no soy ningún niño de 6 años, soy un tío de 40 años y me toca mucho la moral tanta tontería y tanta falta de respeto. A una persona normal le metes 50 mg de metilfenidato y le pega un subidón de euforia que espérate que no acabe en urgencias. A un TDAH nos das eso y estamos un buen puñado de horas relativamente calmados, pensando con más claridad, con menos altibajos emocionales, menos agobios inexplicables, menos ansiedad, nos ubicamos mejor en el tiempo, nos organizamos mejor, encajamos mejor los imprevistos, nuestra mente deja de pretender estar en cien cosas a la vez… ¿Esa diferencia puramente empírica, demostrada, científica, comprobada por millones de personas cada día, es un invento? Que sólo por estar la tele encendida, me cuesta horrores escribir esto, es un invento? Ser totalmente incapaz de recordar más de tres cosas, es un invento? Que para hacer tres recados, tenga que hacer dos y dejar otro para mañana, es un invento? Ponerme un temporizador para ducharme. Lavar los cubiertos antes que los platos porque si los dejo para el final mi cerebro dice que necesita un kitkat. Barrer cinco veces el mismo suelo. Pensar en hacer algo a tal hora, y cuando llega la hora querer morirme al ver que no me da tiempo, partirme los cuernos de la prisa… y al final tener tiempo de sobra, o darme cuenta que no era ese día… Sentir una fijación obsesiva sobre ciertas cosas irrelevantes y ser incapaz de generar interés ni atención sobre asuntos que arruinarían mi vida… Imaginar colores y figuritas porque no entiendo los números… ¿Eso es inventado? El TDAH será una invención para vender medicinas innecesarias… como yo podría decir que hay gente que niega el TDAH para vender más libros, o llevar más gente a su consulta privada, etc, o no? Siempre digo que lo peor del TDAH es precisamente la incomprensión. Explicar a otra persona un cáncer, un resfriado o un síndrome de Down es fácil: O tienes cáncer o no. O eres Down o no. Los TDAH cuando somos diagnosticados sentimos una liberación y un bajón al mismo tiempo, porque sabemos a qué atenernos (cosa que necesitamos para casi todo) y de pronto nos encajan mil cosas, y a la vez vemos hasta qué punto es insoportablemente difícil que los demás entiendan de qué va esto. Y cuando tienes una disfunción cerebral tan compleja, si no eres comprendido, difícilmente eres respetado. No escuchas porque no quieres, no te acuerdas porque pasas de todo, te acuerdas de lo que te da la gana, qué te cuesta hacer esto, estás a tu puto rollo, para estudiar nunca encuentras momento, suspendes porque te da la gana, si te despiden algo habrás hecho, y un largo etcétera de reproches que siempre nos han llovido sin saber por qué. Y cuando sabemos por qué… saltan unos cuantos a decir que es inventado por nosequé industria o nosequé intereses. (Y aquí es donde uno a veces piensa «iros a tomar por culo un ratito» o similar). Ya está bien, por favor.

Estableciendo protocolos

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A los TDAH nos cuesta mucho realizar ciertas tareas recurrentes. Lo mismo recordamos hacer una tontería todos los días sin falta, que no conseguimos acostumbrarnos a hacer las cosas importantes. Por eso, aunque no consigamos tener el control y sólo lo consigamos a medias, es recomendable elegir ciertas rutinas cotidianas -laa que nos cuesten menos según cada caso- y establecer un protocolo para realizarlas siempre igual. Por ejemplo:

-Cuando vayas a sitios habituales (una tienda, al trabajo, al médico…) intenta hacerlo siempre por las mismas calles, tanto a la ida como a la vuelta, caminando a la misma velocidad. Así tendrás cierta idea de cuánto vas a tardar.

-Al ducharte, intenta enjabonarte, enjuagarte y secarte cada zona del cuerpo en cierto orden concreto: Este brazo por delante, por detrás, ahora el hombro, ahora el otro, etc. Así pasarás menos tiempo ocupando el baño, tardarás más o menos lo mismo siempre y evitarás cosas como dejarte sucia tal zona o secarte cuatro veces tal otra. Un truco consiste en instalar en el móvil un temporizador y dejar la pantalla encendida. Así irás viendo cuánto estás tardando.

Estos protocolos no podremos aplicarlos a todo lo que hagamos porque acabaríamos agotados y de hecho nunca lo conseguiríamos, pero sí hay rutinas donde pueden ser de mucha utilidad.

¿Y vosotros, tenéis trucos para hacer cosas siempre de la misma forma? ¿Cuáles son vuestros protocolos anti-TDAH?

Quiero normalización, no ser «normal»

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A veces hay gente con tal enfermedad, tal síndrome, tal trastorno, yo el primero, que parece que nos encannnnta tenerlos. Los comentamos en las redes sociales, tenemos un blog, hablamos de ello con cierta frecuencia, le damos importancia, a veces hasta se montan asociaciones, plataformas, Día Mundial de Qué malito estoy…

Y yo creo que es un poco como ser negro, o como ser gay, incluso ser mujer. Hay millones de blancos señalando cómo a los negros les encanta hablar de lo negros que son. Y millones de heteros señalando cómo a los gays les encanta hablar de lo gays que son. Y millones de hombres señalando cómo a las mujeres les encanta hablar de lo mujeres que son.

¿Realmente es tan importante? Se podría decir que no. Vamos, a mí personalmente me importa tres pepinos que el planeta pudiera llenarse de mujeres negras gays hiperactivas, por ejemplo. Lo que la gente que se considera «normal» no entiende es que un negro tiene derecho a resaltar y enorgullecerse de su raza precisamente porque durante mucho tiempo se le ha faltado el respeto por algo que jamás debió tener importancia. Exactamente igual a los gays que están orgullosos de reclamar su identidad como gays porque ya están hartos de ser tratados diferente por su orientación sexual, algo que nunca debió ser motivo de trato discriminatorio. Y exactamente igual que las mujeres que, siendo mujeres como los hombres son hombres, han sido y siguen siendo tratadas inapropiadamente por serlo, sin más.

Un negro, un gay o una mujer quieren ser tratados como las personas normales que son. Han llegado a algo tan triste para la Humanidad como tener que levantar una bandera para gritar que son normales como cualquier otro que no sea ni negro, ni gay ni mujer… Levantar la voz para que se les oiga decir que no tendrían por qué levantar la voz.

Pues a los TDAH adultos, así como a los que tienen Síndrome de Tourette, Trastorno Obsesivo Compulsivo, etc. nos pasa justo eso. Una seña distintiva de los TDAH es que cuando algo nos resulta interesante, apasionante, o nos parece importante, nos volcamos con una enorme dedicación. Y muchos de nosotros parecemos empeñados en hablar al mundo sobre este trastorno, como quien habla de ser negro, gay o mujer: Sentimos que tenemos problemas por ser lo que somos y que en buena parte son problemas que no estarían ahí si quienes interactúan con nosotros lo hiciesen de otra forma. Por eso la concienciación, la información, los testimonios, etc. sin tan importantes.

Yo no puedo estar orgulloso de ser TDAH o de tener estos estúpidos síntomas de Tourette últimamente, igual que ninguna persona de movilidad reducida puede estar orgulloso de tener las piernas muertas. Pero si esa persona en silla de ruedas habla a los demás de sus problemas y limitaciones, tal vez le empiecen a comprender de otra forma más correcta, más provechosa. De la misma manera, los TDAH adultos que conocemos bien la patología, estamos diagnosticados, etc. tenemos la responsabilidad de compartir con los demás lo que nos pasa. No por hacernos los interesantes, ni por ser pesados, ni por obsesión, sino porque más allá de disfunciones cerebrales, lo que más pesa a un TDAH adulto es sin duda la incomprensión de quienes le rodean.

Los negros, los gays o las mujeres todavía tendrían muy pocos derechos y libertades de no ser por quienes se levantaron a hablar para que les prestaran atención sobre sus problemas. ¿Qué mejor forma de comprender los problemas que sufre un colectivo, que los testimonios en primera persona? ¿Cómo puede enterarse la gente de nuestras limitaciones o necesidades: Leyendo los artículos y estadísticas de algunos pediatras, o con un TDAH que les explique cómo es la vida de un TDAH?

Es como en aquellos viejos libros, donde hombres blancos europeos hablaban con pedantería y paternalismo sobre cómo eran los indios, o los negros del África salvaje. Desde entonces, ser indio, o negro, o gay, o mujer, ha cambiado mucho. Ojalá no haya que esperar tantos siglos para que la gente tenga en cuenta que hay personas con TDAH, o autista, o bipolar, o Tourette, o Down, o lo que sea, comprendiendo que al mismo tiempo somos diferentes e iguales, y dejemos de hablar una maldita vez de lo que se supone que es «normal». Yo ya sé que no soy normal. Hace un rato me puse muy nervioso y empecé a rascarme la camiseta compulsivamente con un nudo en la garganta porque no sabía cómo seguir metiendo ropa en bolsas tras una breve interrupción, y eso a una persona «normal» no le pasa. Lo que yo quiero es que se NORMALICE mi trastorno para que, si eso mismo me pasa en un puesto de trabajo, por ejemplo, la gente que me rodea me comprenda un poco mejor en lugar de pegarme la etiqueta de irresponsable, vago, falto de proactividad, lento, torpe, infantil, blandengue, llorón, y todas esas cosas que durante toda mi vida me han hecho sentir por pura y simple incomprensión.

No quiero tener que parecer un inútil por apuntarlo todo. No quiero que mi matrimonio acabe por las malas por mi falta de organización. No quiero que me despidan por obligarme a memorizar cuando hay otras opciones. No quiero que hagan llorar en el cole a mi hijo ni le obliguen a quedarse una hora extra cuando sea incapaz de entender una ecuación matemática, como me pasó a mí.

Y lo siento pero no, no me da la puñetera gana tener que esconderme o disimular o tener que reventar de estrés porque la sociedad no esté acostumbrada a ver alguien haciendo movimientos raros, rascándose, carraspeando o balanceándose sin parar cuando realmente es algo que no puedo controlar. Bastante tengo con sufrirlo. Nadie nace con la decisión de ser negro, gay, mujer, TDAH, Tourette, TOC o lo que sea. Sólo quiero normalizarlo para que blogs como éste ya no sean necesarios.

Dedico este artículo a Pedro Zerolo. DEP.

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