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Estos americanos…

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Es una pena. Mucha gente ha conocido y se ha solidarizado con la Esclerosis Lateral Amiotrófica con todo esto del reto del cubo de hielo, y casi cada día pienso en cómo podría contribuir de alguna forma para que se conozca mejor el TDAH adulto y la gente lo comprenda.

Estaba leyendo en un foto americano un artículo sobre los problemas tan serios que llega a provocar el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad en la vida de pareja y digo que es una pena porque allí están a años luz de nosotros. Mientras en España los pocos TDAH adultos que hay diagnosticados muchas veces ni nos molestamos en contárselo a nuestra familia o amigos porque es muy difícil que nos entiendan -ni siquiera cuando conviven con nosotros y les contamos de qué va-, en EEUU la gente tiene unos detallazos preciosos, con hijos que dejan notitas a sus padres por toda la casa, parejas que se sientan cada x tiempo a organizar calendarios, economía doméstica, citas, planes, etc con toda la paciencia y cariño del mundo para que el TDAH no se agobie, jefes que te preguntan cómo vas y que te hacen llorar de ver cómo te motivan, te animan o te mandan a descansar cuando te ven nervioso… Por no hablar de que allí los adultos existimos. Aquí hay montones de asociaciones, grupos de apoyo, asesores, programas, ayudas, conferencias, expertos… que tienen la mejor de las intenciones… pero sólo dentro de sus propios grupos de actuación y hasta que te empieza a cambiar la voz y te crece la pelusilla del bigote. Entonces ya no existes apenas, ni para ellos ni para el jefe, el novio o la vecina de enfrente, que son quienes igual cuentan para uno, y no sólo los que estudiaron psiquiatría.

Sólo se observa el TDAH cuando afecta a las notas del cole, a la relación con otros niños, a la educación, al juego, al aprendizaje, a los padres… Nadie habla nunca del TDAH relacionado con momentos terriblemente agrios en la relación de pareja, cuentas en números rojos, no alimentarse correctamente, accidentes domésticos, en el trabajo y de tráfico, no tomar medicaciones importantes, desatender la limpieza, nadie habla de divorcios, violencia doméstica, abuso de drogas, ansiedad y un largo etcétera que nadie comprende, nadie reconoce, nadie sabe de qué va, hasta el punto de no contárselo a nadie por temor a que te digan que estás majara o que lo tuyo es tontería, o no lo entiendan por más interés que pongan. Es complicado hacer entender a alguien que para nosotros, el simple hecho de estar sentado tranquilamente en el sofá, quedarnos dormidos por la noche o salir a la calle a hacer recados puede atacarnos de los nervios. No es fácil pasarte la mañana de pie en el salón, dando vueltas nervioso y agobiado pensando que tienes que hacer la comida y pasar la fregona, no arrancar a hacerlo y que pasen horas hasta que ya no tienes tiempo y no tengas ni idea de por qué no lo has hecho, ni qué has hecho todo ese tiempo. O no ser capaz de explicar a alguien lo que acaba de decirte otro como sea mínimamente complejo. O agobiarte haciendo algo que en realidad has hecho miles de veces. Hay quien sale de la ducha y se da cuenta de que sólo se ha lavado las manos, y hasta te ríes, vale… Y hay quien acaba divorciado, solo, arruinado o con una sobredosis en la cárcel sin tener ni idea de por qué no puso remedio antes, pero es que realmente no podía, porque no es voluntad, no es ánimo, no es ganas, no es actitud: es que al cerebro no le da la gana. Entonces el TDAH no tiene ni puta gracia… ni nada que ver con simples “niños inquietos” como cree mucha gente. ¿Habéis pensado alguna vez lo amargo que puede ser tener problemas de pareja y tener pánico a sentarse a hablar porque eres incapaz de organizar tus argumentos, tus ideas, de explicarte con propiedad, por no hablar de cuando tu pareja te echa en cara algo grave… y pensar “tierra trágame” porque no consigues adivinar de qué te está hablando?

Es emocionante ver lo que la gente cuenta en foros americanos y dan ganas de que hagan documentales o algo así para que hubiera más concienciación sobre lo que realmente significa ser TDAH adulto. Siempre lo digo: Tenemos más o menos problemas, y a veces hasta tiene su gracia, pero el verdadero trastorno es no poder hacer que los demás se pongan en nuestro pellejo, porque su comprensión, apoyo, cariño y paciencia, santísima paciencia, son el mejor tratamiento.

Ponerse en nuestro pellejo, que fácil es soñar… Más de uno iba a flipar.

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Mi medicina NO es tu droga

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Me parece una falta de respeto, una muestra de ignorancia galopante y tengo que reconocer que una sorpresa encontrarme por internet que hay gente -y por lo visto mucha, flipa- que busca mi medicación para el Déficit de Atencion e Hiperactividad cuando no la necesitan.

Si yo tomo esta medicación es porque durante años me he ido dando cuenta de que algo fallaba en mi cabeza y considerar que me suponía (y supone) un trastorno, me he informado mucho, he contactado con asociaciones, me he preocupado por ir al médico, ir a un especialista (a tres, de hecho), pasar por un proceso de tests, entrevistas y tal para que me den una receta que me permite acceder de forma crónica a esa medicación, que aunque no es la repanocha me ayuda mucho a paliar buena parte de las puñetas cotidianas que me hacía y hace vivir ese trastorno. Me dejo un dinero -que no me sobra- en la farmacia, cuido de tomarme las pastillitas a su hora, etc. Vamos, lo menos frívolo del mundo.

Y resulta que anda por ahí esta gente que -…es que lo pienso y flipo…- busca esa misma medicina sin necesitarla en absoluto, de forma ilegal, suplicándosela a gente que la tiene, buscándola en el mercado negro, falsificando recetas, preguntando cómo pillarla en ese horror inmundo que es Yahoo! Respuestas… y todo porque cuando una persona toma esa sustancia y no tiene ni Déficit de Atención ni Hiperactividad ni la madre que parió un tanque, puede tener momentazos de euforia, se espabilan para que la noche de fiesta les dure más, para no dormir en época de exámenes y hasta para perder peso.

He visto peña preguntando por ahí si pueden tomar esas pastillas junto con pastillas para dormir porque dicen que les espabila demasiado y no pueden dormir (?!?!?!?!). O preguntando si se puede picar y esnifar (con lo fácil que es pegar un buchito de agua, oye). O debatiendo sobre si el bajón que les da después merece la pena para el subidón del principio…

Qué queréis que os diga: Sois unos impresentables y no tenéis vergüenza.

a) Para empezar porque le echáis al asunto el tremendo morro de tirar de comportamientos patéticos para conseguir la pastillita, desde cosas tan irresponsables como preguntar a la gente por internet (o por donde sea, me da igual), a cosas tan  imperdonables como la falsificación de recetas médicas.

b) Porque es una sustancia controlada que ha pasado por décadas de investigación científica, estudios clínicos y demás para ayudar a personas con ciertas disfunciones cerebrales que les causa unos trastornos en su vida cotidiana. Es como echar carreras en una silla de ruedas; puede ser un cachondeo, pero necesitar esa silla porque tienes las piernas muertas no tiene ni puta gracia, y ese mismo comportamiento lo estás teniendo con mi medicación.

c) Y por encima de todo, porque ya voy camino de los cuarenta y aunque siempre me he sentido muy joven, progresista, de mentalidad abierta y tal, jamás me puede entrar en la cabeza que tantos y tantos y tantos jóvenes lleguéis a ser tan rematadamente tontos.

Y no penséis que soy cerrado de mollera con las drogas: Siempre he pensado que no hay que decir “NO y NO y NO”, sino informarse de forma responsable. Apoyo que el cultivo, posesión y consumo de marihuana y sus derivados sea despenalizado mientras que la hipocresía del mercado oficial del tabaco y el alcohol me dan arcadas -El alcohol me parece un maldito veneno asqueroso que ha podrido la vida de civilizaciones enteras, y cada año mueren sólo en España tres millones de personas por causa directa del tabaco, mientras que jamás en la historia se conoce ni un sólo caso de nadie que haya enfermado ni muerto por fumar cannabis, aunque su abuso pueda tener consecuencias indeseables-.

El problema no es que te fumes un porro y te partas de risa viendo Hora de Aventuras, o que rule el canuto mientras tocáis los bongos en la playa; cuántas viejas ricachonas habrá por el mundo tomándose un coñac a media mañana y ahí están. Cada cual con su vida…. El problema no es ese. El problema es cuando dedicas tu tiempo no estudiando, no ligando, no dando un paseo relajante, no leyendo, no haciendo yoga, no haciendo deporte, no manifestándote por causas justas, no charlando con los amigos sobre filosofía o los problemas del mundo, sino malgastándolo buscando como una cucaracha la pastilla ésa del TDAH porque te has enterado de que da risa, o que  no paras de hablar durante una hora, o que te sientes frenético durante un rato y mola el subidón, o que así estás más espabilado toda la noche entera para no aburrirte en el botellón, o porque te ha dicho una amiga que su prima le ha dicho por WhatsApp que si te la tomas te quita el hambre y así adelgazas.

Mira, chaval. Hay drogas que son muy chungas y te pueden enganchar > pudrir > matar en cuestión de días, por no decir en cuestión de minutos, o destrozarte la vida y la salud para siempre. Luego hay otras que igual no son tan chungas y respeto que cada cual haga lo que quiera siempre que te informes y actúes de forma, digamos, responsable (mejor una cerveza que cuatro vodkas, mejor medio porro que cuatro rayas, mejor ningún cigarrillo que cinco al día, etc). Y luego hay otras sustancias que no son para que tú te diviertas, ni adelgaces, ni estudies, ni hagas el payaso en general. Son algo que está ahí de forma específica para tratamientos médicos. Y punto.

Si quieres divertirte, te buscas amigos graciosos. Si quieres adelgazar, come lo justo y haz ejercicio. Si quieres aprobar un examen, estudia siempre y no sólo la noche antes. Si sales de marcha y te cansas, te vas a dormir. Y por encima de todo: Si tanta importancia le das a algo así, es muy probable que muchas otras cosas de tu escala de valores también estén fallando. Yo mi problema lo voy controlando con una medicina, no tengo más remedio. Tú lo tienes más fácil: Sólo tienes que mirarte al espejo y replantearte algunas cosas.

Mirando tras el muro del TDAH

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Dicen que el cerebro humano tiende a olvidar los sufrimientos una vez los ha dejado atrás. Lo he pensado más de una vez estos días, desde que hace una semana se reconoció mi TDAH y empecé a tomar la medicación (que, como dije en el post anterior, no voy a decir cuál es porque no quiero que alguien se vea con acceso a esa medicina y la tome por su cuenta).

Y es curioso cómo a veces me sorprendo dándome cuenta de cosas que antes, con el Trastorno en todo su apogeo, no veía, o no con esta claridad. Por ejemplo:

-Tengo hambre: Uno de los efectos secundarios de mi medicación -menos de los que esperaba, por cierto- es que quita el hambre. Tampoco es que se te quiten las ganas de comer cuando tienes el plato delante, pero evita ese deseo de comer algo porque sí, picar entre horas, echarte un poco más (“¡Tú es que comes con la vista!”, me ha dicho mi mujer mil veces). Así que ahora no reparo en comer algún tentempié a media mañana, o en merendar antes de salir a la calle por la tarde. ¡Así que llevo una semana dándome cuenta de que tengo hambre cuando las tripas ya me están rugiendo y retorciéndose sin piedad!

-¿Tengo sueño?: Siendo vegetariano no bebo Coca-Cola. El colorante que le da ese tono rojizo se saca de unos insectos. Pero cuando sí lo hacía ya entrada la tarde, era habitual que la cafeína me quitara el sueño a la hora de irme a la cama, así que los ojos me pesaban, se me hinchaban, me sentía cansado, pero me acostaba y nada… que no hay quien duerma con la dichosita cafeína. Ahora me pasa algo parecido, ya que el metilfenidato es básicamente un estimulante. Eso sí, dicen por ahí que en unas semanas el problema desaparecerá, y tengo que reconocer que el insomnio sólo me llegó a fastidiar de verdad las dos o tres primeras noches. Una curiosidad: Quedarse en la cama a oscuras pensando en tus cosas por no poder dormir es totalmente diferente con déficit de atención y sin él.

-¡Me aburro! Sí señores, me aburro. Los TDAH que leáis esto estaréis sorprendidos. ¿Aburrirse un hiperactivo, siendo expertos en agobiarnos y perder el tiempo corriendo de forma caótica a hacer cosas que supuestamente tenemos que hacer para no acabar de hacer ninguna? Pues sí, y es de lo más llamativo que estoy viviendo esta primera semana con medicación. Ayer tuve un día normal y corriente; salí por la mañana a hacer recados mientras el niño paseaba, comimos al volver, le puse a dormir, merendamos, jugamos a ratos, pasé la escoba a las habitaciones… Era temprano y hacía calor como para salir a la calle, no había mucho de interés en internet, no tenía nada especial que hacer (luego descubrí que olvidé hacer la comida; nadie dice que la medicación sea perfecta) y de pronto reparé en que… bufff… ¡estoy aburrido!

Es curioso cómo tener un mejor control del tiempo hace que me organice mejor, tenga un comportamiento más productivo… ¡pero también hace que me dé cuenta de cuándo ya he terminado de hacer todo lo que tenía previsto y  me vea de pronto de brazos cruzados y aburrido! Eso no lo echaba de menos, mira tú…

El gran día

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No voy a entrar en detalles que no vienen al caso, porque la vida es una cosa compleja -y complicada también muchas veces- y decir aquello de “uno de los días más felices de mi vida” puede tener muchos matices. En un mismo día lo puedes pasar genial y fatal, sentirte feliz y amargado, esperanzado o agotado…

Así que dejando a un lado esos matices, se podría decir que sí, que el miércoles fue uno de los días más felices de mi vida.

Iba a decir que todo empezó el martes a media mañana, pero en realidad empezó mucho antes, durante los años en los que se han ido sucediendo todas esas cosas de las que hablo en este blog. Pero resulta que el martes a media mañana tenía cita con el jefe de psiquiatría del Hospital Fundación de Alcorcón, por recomendación de otra psiquiatra (siempre de la Sanidad Pública, faltaría más) y tras pasar por un primero que espero no volver a cruzarme en mi vida.

Hubo mucho retraso y la entrevista fue rara por esto y aquello, pero soy de los que piensan que no debe juzgarse al médico por otra cosa que no sea lo estrictamente necesario: Que te escuche y que el diagnóstico y el tratamiento sean adecuados. Y así, con un calor que me moría y comprobando hasta dónde han llegado los recortes en la limpieza del hospital -las cosas como son- salí de allí con una receta y mucha incertidumbre en el cuerpo. Pero sobre todo con una respuesta a la gran pregunta: ¿Entonces, se puede decir seguro que es TDAH? El médico respondió con cara rara, como quien no quiere afirmar nada rotundamente para mantener cierto rigor de investigador profesional, pero fácil de interpretar como un soberano “Tienes todas las papeletas, chaval”.

No quiero decir qué me recetaron porque sé que hay mucha gente con TDAH interesada y creo que es un asunto que debe tratarse de forma seria y personalizada con un profesional competente. Lo último que quiero es que alguien encuentre esa medicina en el botiquín de cualquier familiar y haga experimentos poco sensatos.

Aquella noche de martes me tomé la primera dosis; una pastillita que partí por la mitad. Y no sé… me sentía como siempre, pero más tranquilo. No era como cuando aquel $%?&!!! me recetó Rivotril para tenerme dormido una semana. Era… diferente. Me costó mucho dormirme, eso sí, pero bueno… mañana sería otro día. Y vaya si lo fue.

Como cada día, mi mujer se levantó para irse a trabajar mientras yo me preparaba para salir a pasear con el niño. Miré el reloj, me tomé la dosis que tocaba y allá que salí a empujar el carrito por las calles. Y según avanzaba y le daba vueltas al tema, sin saber qué esperar ni en qué medida, me empecé a dar cuenta. Otra vez estaba extrañamente tranquilo. No como una flor de loto que yace plácidamente sobre la superficie de un estanque, vale, pero tranquilo. Más sereno, más consciente, como si acabara de hacer una buena sesión de meditación.

Pero no era sólo eso…

Sabía que me había levantado a las 8:22, que me había cruzado con tal persona y que aquella tarde tenía que hacer tal encargo. ¡Lo sabía! Es decir, no me lo estaba diciendo la alarma del móvil, ni la lista de recordatorios. Simplemente, lo sabía, y sabía que era la hora que era, y me hacía cierta idea de cuánto tardaría en volver a casa, y no me preocupaba en absoluto pensar que después de comer tenía que barrer y fregar el suelo. Me daba cuenta de que mantenía algo así como un diálogo interno medio normal, no como hasta entonces que el mero hecho de darle vueltas a cualquier asunto mentalmente era como escuchar tres canales de radio a la vez.

¿Entonces… es así? ¿Así es la… “gente normal”? ¿Se supone que el cerebro debería funcionar así, y no como yo había entendido como “normal” desde que tengo uso de razón? ¿Entonces… esto es la atención? O al menos hasta que pasadas unas semanas vaya ajustando la medicación lo mejor posible… ¿así es la sensación de que todas esas conexiones de la corteza prefrontal del cerebro están funcionando como deberían?

Entonces recordé una enseñanza budista. Se dice que la mente del estudiante budista debe ser como un recipiente entero, limpio y boca arriba. Si el recipiente no está entero, está roto, no importa cuánto queramos meterle dentro, se derramará. Es decir, la mente podrá obtener sabias enseñanzas pero las olvidará o no las entenderá. Si el recipiente está sucio, no importa lo limpia que esté el agua con que se llene: Se ensuciará, como cuando mezclamos creencias encontradas. Y si el recipiente está boca abajo, no importa lo que se intente poner dentro: No entrará, porque es inútil dar una enseñanza valiosa a quien no es receptivo a oirla. Y yo siempre me había considerado un recipiente roto…

No me cabía un nudo más grande en la garganta, ni los músculos de los ojos sabían cómo contener las lágrimas. Me tapé la boca con la mano, como cuando no quieres romper a llorar como un tonto en plena calle, pero al mismo tiempo me daba igual que la gente me viera emocionado, tan emocionado como no había estado en quién sabe cuánto tiempo. A cada rato me distraía un poco, pero me daba cuenta y volvía a pensar en lo que quería, y aquella mañana recordé mil veces el despertador marcando las 8:22 y mil veces recorrí mentalmente lo que había hecho y dejado de hacer por la mañana.

No me lo podía creer, y en el rato que seguí paseando mientras mi hijo dormía inocentemente ajeno a tanta ilusión, volví a llorar como tres o cuatro veces. Y oh, sí, podéis estar seguros de que cuando volví a casa y dejé al pequeño jugando en su parque, lo primero que hice fue sentarme en la cama y llorar como no recordaba haberlo hecho nunca. Por un momento hasta se me vino a la mente ese video de YouTube en el que una chica sorda se emociona al oír su voz por primera vez, y aunque no se pueda comparar, sé que por un momento me supe identificar con ella.

Y no dejaba de darle vueltas a la misma pregunta: ¿Entonces… es así? ¿Es esto?

No tengo palabras para expresar lo importante que considero la normalización del TDAH, y más concretamente del TDAH en adultos. No que se conozca en círculos académicos o que los médicos sepan qué es, o que haya tales o cuales estadísticas, congresos, artículos, informes o asociaciones. La normalización no es eso, sino que la gente de la calle, mi vecina de abajo, tu compañero del trabajo, tu suegro, el conductor del autobús, sepan que hay personas que tienen este problema, como saben que hay gente que tiene alergia, o que tiene autismo, o que tiene fibromialgia.

Cuando alguien se encuentra con una persona y se entera de que tiene tal o cual condición que… por así decirlo, la hace especial, o particular, como por ejemplo celíaco. Se puede saber mejor o peor en qué consiste, puede haber mayor o menor comprensión, pero la gente lo comprende y sabe que tal vez tengas una necesidad especial, o una dificultad específica, etc. Pero cuando una persona sabe que alguien es hiperactivo, por defecto se monta la película de que es una persona que no para quieta, echá palante, parlanchina… porque es su forma de ser y ya está. Y no: Una persona hiperactiva no es parlanchina porque sí, como quien es simpático por carácter. Una persona hiperactiva, o una persona con problemas de atención, no se distrae por falta de voluntad, ni deja sus proyectos a la mitad por vagancia, sino porque hay unas cositas ahí dentro en su cerebro que no funcionan como deberían.

Es muy importante que la gente comprenda esto, y que los adultos que sospechan tener síntomas acudan sin complejos ni vergüenza a la consulta del psiquiatra acompañados de su pareja o la persona con la que vivan y compartan sus despistes y torpezas, no sólo porque una forma maravillosa de hacer que un TDAH se sienta mejor es comprendiéndole y considerando que no puede evitar sus particularidades, sino porque a más normalización y reconocimiento, más efectiva será la investigación que se haga en torno al Trastorno y mejores serán las medicaciones en el futuro, más seguras, más exactas… No podemos evitar que haya gente con Déficit de Atención, con o sin hiperactividad, pero estoy seguro de que poco a poco se puede conseguir que haya más gente que viva uno de los días más felices de su vida.

Nuevo proyecto europeo por el TDAH

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Estimados amigos,

Me gustaría invitaros a apoyar “ADHD Alliance for Change” para mejorar la comprensión y el conocimiento del TDAH en Europa. Queremos impulsar un cambio en las actitudes y políticas hacia el TDAH en Europa, pero necesitamos tu ayuda.

Demuestra tu apoyo firmando la petición online ahora. Esta petición, con el número total de seguidores, se presentará al Parlamento Europeo en 2014. También puedes compartir tus experiencias personales del TDAH para contribuir a un informe para el Parlamento Europeo.

Para agregar tu voz, visita www.adhdallianceforchange.eu hoy.

Atentamente,

Carlos J. de Pedro Jiménez,
responsable del blog Qué Tenía Que Hacer Yo y
Embajador para el Cambio de “ADHD Alliance for Change”.

¡Ya podéis seguir este blog en Facebook!

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Pues eso, para qué más explicaciones: Desde hace un par de días ya podéis darle a “Me gusta” en la página de Facebook de Qué Tenía Que Hacer Yo. Gracias por ayudarme a que el TDAH adulto gane visibilidad.

¿Deberíamos ocultar el TDAH en el entorno laboral?

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Hablando hipotéticamente, claro, porque actualmente se podría decir que mi trabajo es “sus labores”, como nuestras madres hace años…

Pero vamos a lo que vamos: Ayer una de las lectoras del blog comentaba algo que me he planteado más de una vez desde que conozco esa gran… venga sí, hay que decirlo putada que es el Déficit de Atención. En caso de presentarse uno ante alguien a quien podamos considerar nuestro jefe, o en su defecto ante la persona que decidirá si nos da un puesto de trabajo o no… ¿deberíamos explicarle que somos TDAH, con la esperanza de que sean comprensivos… o por el contrario deberíamos evitar por todos los medios que se enteren?

El TDAH es cada vez más conocido para la población general, y eso incluye a los empresarios, que tal vez hayan oído hablar de ello o, lo típico, conozcan alguien con un hijo hiperactivo, o algo así. Historia aparte es que realmente comprendan en qué consiste y consideren que tal vez una persona afectada por el Trastorno tenga ciertas necesidades que los distinguen de sus colegas: Distintas particiones de tiempo, más herramientas -o distintas- de organización y productividad, adaptación de horarios, ciertos detalles del ambiente laboral… El problema es que estamos en España, ese país donde tanta gente piensa que no pasa nada por saltarse las normas si nadie te pilla, curramos más que nadie para producir menos que nadie, nos pasamos más tiempo echando un cigarrito o desayunando que ganándonos el sueldo, y otras cosas de las que jamás nadie podría sentirse orgulloso, entre las que se encuentra pasar olímpicamente de las personas con necesidades especiales. Me sorprendía hace unos meses leer que en Estados Unidos incluso se reconoce el TDAH como cierto grado de discapacidad, por lo que las empresas están obligadas a cumplir requerimientos para que ese trabajador con problemas de desatención y/o de hiperactividad pueda sentirse realizado laboralmente y producir de forma tan efectiva como cualquiera de sus compañeros. Algo que aquí nos suena a ciencia ficción, no; lo siguiente.

¿Cabe esperar entonces que nuestro jefe vaya a ser comprensivo, reúna a los demás empleados para pedirles que nos ayuden en todo lo posible, nos ponga un reloj donde no lo había o nos ponga un taco de post-its que los demás no tienen? Pues qué queréis que os diga: Ni de cachondeo.

Hay que reconocer que hoy por hoy la comprensión generalizada del TDAH está a años luz de la que debería ser. Tampoco pretendo que la gente de la calle conozca nuestro problema como quien conoce la gripe, pero sí hasta el punto en que no somos gente despistada, olvidadiza, torpe o inquieta y se acabó. El reconocimiento del Trastorno en adultos debe llegar, al menos, a una situación en la que quienes nos rodean, al fijarse en ese reguero de despistes, olvidos o torpezas, puedan preguntarse, “Oye, ¿a ver si es que tiene problemas de atención…?” Pero ni por asomo. Hoy por hoy, como digo, se nos ve como un puñado de defectos y poco más; una persona como cualquier otra pero con un despiste encima que no se aguanta ni él; una persona corriente y moliente que no se acuerda nunca de nada y que se pasa el día pensando en lo siguiente que quiere hacer para acabar por no hacer nada. Y sí, por supuesto que los TDAH somos gente como cualquier otra, corrientes y molientes, vale, no digo que no. PERO: Con unas particularidades en el cerebro que nos dificultan ciertas cosas. Ese es el siguiente paso. Por eso es tan importante el reconocimiento generalizado del Déficit de Atención y la Hiperactividad en adultos.

Recuerdo hace unos años cuando durante una prueba de trabajo en una editorial, cada pocos minutos, cada vez que avanzaba algo del diseño que tenía que hacer, me volvía hacia el editor jefe para preguntarle qué le parecía, si así estaba bien. Y recuerdo que me miraba como perplejo, con cara de estar preguntándose por qué le avisaba a cada poco para supervisarme. Por un lado me parece lógico asegurarse de que lo que uno hace lo está haciendo bien -y más cuando un empleo depende de ello-, pero por otro está ese factor que los TDAH ya habréis podido reconocer: Esa insoportable necesidad, en según qué entornos y con qué personas, de intentar estar seguros; de saber a qué atenerse. Sé que “saber a qué atenerse” puede ser un concepto un tanto difuso, pero el Trastorno lo acentúa, como si tuvieras que mirar dónde has puesto el pie antes de dar el siguiente paso, sin saber definir de forma nítida si lo haces para tener a los demás contentos -ya sea de forma cínica o con mejores intenciones, eso ya es otra historia- o por puro impulso. Mi eterna duda es: ¿De yo haber sabido entonces que tenía un problema de atención y se lo hubiese explicado al editor jefe que me evaluaba… lo habría tenido en cuenta para hacer que mi labor fuese más productiva, o hubiese corrido a la oficina del director para decir que se arriesgaba a contratar a un inútil?

Otro tanto pasa cuando trabajas por tu cuenta. A pesar de estar en el paro, considero que soy quiromasajista, por lo que a veces me enfrento a dificultades a la hora de aplicar un tratamiento. No porque realmente no sepa cómo hacerlo, de hecho el cien por cien de las personas que han pasado por mis manos han quedado muy satisfechos; me refiero a que la mayoría de las veces no puedo separarme de mis fichas de masaje, anotaciones, reloj… y mirarlos contínuamente según se trabaja. Pero eso desde el punto de vista del cliente, o no se ve, o no se comprende. Es como cuando llamamos a un fontanero y necesita mirar una y otra vez el manual de instrucciones de la lavadora, o como si un médico nos pregunta cuatro veces que repitamos lo mismo porque no le ha dado tiempo a tomar nota. ¿Quién no se ha encontrado alguna que otra vez con un camarero que aun preguntando cien veces y apuntando el pedido en una libretita, nos acaba por traer lo que no era, o confundiéndose de mesa? Sin duda, la mayoría de la gente pensará que no son buenos profesionales, o que no son de fiar. Pero si esa mayoría de la gente sabe que hay algunas personas con cierto problema, nos valorarán como profesionales y se fiarán plenamente de nuestra capacidad de atenderles tan bien como se merecen, a pesar de necesitar ciertas condiciones, ciertos apoyos que seguramente para ellos ni siquiera tienen importancia ni les suponen molestia alguna.

En tanto ese reconocimiento generalizado del Trastorno no se afiance, tiendo a pensar que tal vez lo más prudente sea no compartir nuestra condición con nuestros potenciales contratadores, aunque sin ocultarlo -en nuestro entorno familiar, redes sociales, etc-, precisamente porque ocultándola seremos nosotros los primeros culpables de que la gente no se entere de que estamos aquí y de que realmente tenemos ciertas dificultades. Cuanto más se sepa que el TDAH es mucho más que “niños hiperactivos”, más avances habrá en términos sociales, pedagógicos, psiquiátricos, y por qué no, laborales.

¿Y vosotros? Contadme vuestras experiencias de TDAH en el entorno laboral y la relación con vuestros jefes.

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